VII Domingo Ordinario – 24 De Febrero 2019

Primera lectura 

1 Sam 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23

En aquellos días, Saúl se puso en camino con tres mil soldados israelitas, bajó al desierto de Zif en persecución de David y acampo en Jakilá.

David y Abisay fueron de noche al campamento enemigo y encontraron a Saúl durmiendo entre los carros; su lanza estaba clavada en tierra, junto a su cabecera, y en torno a él dormían Abner y su ejército. Abisay dijo entonces a David: “Dios te está poniendo al enemigo al alcance de tu mano. Deja que lo clave ahora en tierra con un solo golpe de su misma lanza. No hará falta repetirlo”. Pero David replicó: “No lo mates. ¿Quién puede atentar contra el ungido del Señor y quedar sin pecado?”

Entonces cogió David la lanza y el jarro de agua de la cabecera de Saúl y se marchó con Abisay. Nadie los vio, nadie se enteró y nadie despertó; todos siguieron durmiendo, porque el Señor les había enviado un sueño profundo.

David cruzó de nuevo el valle y se detuvo en lo alto del monte, a gran distancia del campamento de Saúl. Desde ahí gritó: “Rey Saúl, aquí está tu lanza, manda a alguno de tus criados a recogerla. El Señor le dará a cada uno según su justicia y su lealtad, pues él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor”.


Salmo Responsorial

Del Salmo 102 

R. (8a) El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga su santo nombre.
Bendice al Señor, alma mía,
y no te olvides de sus beneficios.  
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor perdona tus pecados
y cura tus enfermedades;
él rescata tu vida del sepulcro
y te colma de amor y de ternura.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor es compasivo y misericordioso,
Lento para enojarse y generoso para perdonar.
No nos trata como merecen nuestras culpas,
ni nos paga según nuestros pecados.   
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos;
como un padre es compasivo con sus hijos,
así es compasivo el Señor con quien lo ama. 
R. El Señor es compasivo y misericordioso.


Segunda lectura

1 Cor 15, 45-49

Hermanos: La Escritura dice que el primer hombre, Adán, fue un ser que tuvo vida; el último Adán es espíritu que da la vida. Sin embargo, no existe primero lo vivificado por el Espíritu, sino lo puramente humano; lo vivificado por el Espíritu viene después.

El primer hombre, hecho de tierra, es terreno; el segundo viene del cielo. Como fue el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como es el hombre celestial, así serán los celestiales. Y del mismo modo que fuimos semejantes al hombre terreno, seremos también semejantes al hombre celestial.


Aclamación antes del Evangelio

Jn 13, 34

R. Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor,
que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

Seventh Sunday in Ordinary Time – February 24, 2019

Reading 11 SM 26:2, 7-9, 12-13, 22-23

In those days, Saul went down to the desert of Ziph
with three thousand picked men of Israel,
to search for David in the desert of Ziph.
So David and Abishai went among Saul’s soldiers by night
and found Saul lying asleep within the barricade,
with his spear thrust into the ground at his head
and Abner and his men sleeping around him.

Abishai whispered to David:
“God has delivered your enemy into your grasp this day.
Let me nail him to the ground with one thrust of the spear;
I will not need a second thrust!”
But David said to Abishai, “Do not harm him,
for who can lay hands on the LORD’s anointed and remain unpunished?”
So David took the spear and the water jug from their place at Saul’s         head,
and they got away without anyone’s seeing or knowing or awakening.
All remained asleep,
because the LORD had put them into a deep slumber.

Going across to an opposite slope,
David stood on a remote hilltop
at a great distance from Abner, son of Ner, and the troops.
He said: “Here is the king’s spear.
Let an attendant come over to get it.
The LORD will reward each man for his justice and faithfulness.
Today, though the LORD delivered you into my grasp,
I would not harm the LORD’s anointed.”

Responsorial PsalmPS 103:1-2, 3-4, 8, 10, 12-13

R. (8a) The Lord is kind and merciful.
Bless the LORD, O my soul;
and all my being, bless his holy name.
Bless the LORD, O my soul,
and forget not all his benefits.
R. The Lord is kind and merciful.
He pardons all your iniquities,
heals all your ills.
He redeems your life from destruction,
crowns you with kindness and compassion.
R. The Lord is kind and merciful.
Merciful and gracious is the LORD,
slow to anger and abounding in kindness.
Not according to our sins does he deal with us,
nor does he requite us according to our crimes.
R. The Lord is kind and merciful.
As far as the east is from the west,
so far has he put our transgressions from us.
As a father has compassion on his children,
so the LORD has compassion on those who fear him.
R. The Lord is kind and merciful.

Reading 21 COR 15:45-49

Brothers and sisters:
It is written, The first man, Adam, became a living being, 
the last Adam a life-giving spirit.
But the spiritual was not first;
rather the natural and then the spiritual.
The first man was from the earth, earthly;
the second man, from heaven.
As was the earthly one, so also are the earthly,
and as is the heavenly one, so also are the heavenly.
Just as we have borne the image of the earthly one,
we shall also bear the image of the heavenly one.

AlleluiaJN 13:34

R. Alleluia, alleluia.
I give you a new commandment, says the Lord:
love one another as I have loved you.
R. Alleluia, alleluia.

GospelLK 6:27-38

Jesus said to his disciples:
“To you who hear I say,
love your enemies, do good to those who hate you,
bless those who curse you, pray for those who mistreat you.
To the person who strikes you on one cheek,
offer the other one as well,
and from the person who takes your cloak,
do not withhold even your tunic.
Give to everyone who asks of you,
and from the one who takes what is yours do not demand it back.
Do to others as you would have them do to you.
For if you love those who love you,
what credit is that to you?
Even sinners love those who love them.
And if you do good to those who do good to you,
what credit is that to you?
Even sinners do the same.
If you lend money to those from whom you expect repayment,
what credit is that to you?
Even sinners lend to sinners,
and get back the same amount.
But rather, love your enemies and do good to them,
and lend expecting nothing back;
then your reward will be great
and you will be children of the Most High,
for he himself is kind to the ungrateful and the wicked.
Be merciful, just as your Father is merciful.

“Stop judging and you will not be judged.
Stop condemning and you will not be condemned.
Forgive and you will be forgiven.
Give, and gifts will be given to you;
a good measure, packed together, shaken down, and overflowing,
will be poured into your lap.
For the measure with which you measure
will in return be measured out to you.” 

VI Domingo Ordinario – 17 De Febrero 2019

Sermon of the Beatitudes, James Tissot, Brooklyn Museum

Jer 17, 5-8

Esto dice el Señor:
“Maldito el hombre que confía en el hombre,
que en él pone su fuerza
y aparta del Señor su corazón.
Será como un cardo en la estepa,
que nunca disfrutará de la lluvia.
Vivirá en la aridez del desierto,
en una tierra salobre e inhabitable.

Bendito el hombre que confía en el Señor
y en él pone su esperanza.
Será como un árbol plantado junto al agua,
que hunde en la corriente sus raíces;
cuando llegue el calor, no lo sentirá
y sus hojas se conservarán siempre verdes;
en año de sequía no se marchitará
ni dejará de dar frutos”.


Salmo Responsorial

Del Salmo 1

R. (Sal 39, 5a) Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Dichoso aquel que no se guía
por mundanos criterios,
que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno,
que ama la ley de Dios 
y se goza en cumplir sus mandamientos. 
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río, 
que da fruto a su tiempo 
y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito. 
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor.
En cambio los malvados
serán como la paja barrida por el viento.
Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo. 
R. Dichoso el hombre que confía en el Señor. 


Segunda lectura

1 Cor 15, 12. 16-20

Hermanos: Si hemos predicado que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que algunos de ustedes andan diciendo que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, es vana la fe de ustedes; y por lo tanto, aún viven ustedes en pecado, y los que murieron en Cristo, perecieron. Si nuestra esperanza en Cristo se redujera tan sólo a las cosas de esta vida, seríamos los más infelices de todos los hombres. Pero no es así, porque Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos.


Aclamación antes del Evangelio

Lc 6, 23ab

R. Aleluya, aleluya.
Alégrense ese día y salten de gozo,
porque su recompensa será grande en el cielo, dice el Señor.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 6, 17. 20-26

En aquel tiempo, Jesús descendió del monte con sus discípulos y sus apóstoles y se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y de Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón.

Mirando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo:
“Dichosos ustedes los pobres,
porque de ustedes es el Reino de Dios.
Dichosos ustedes los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados.
Dichosos ustedes los que lloran ahora,
porque al fin reirán.

Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos,
porque ya tienen ahora su consuelo!
¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora,
porque después tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ríen ahora,
porque llorarán de pena!
¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe,
porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!”

Sixth Sunday in Ordinary Time – February 17, 2019

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The Sermon of the Beatitudes, James Tisot, Brooklyn Museum

Sixth Sunday in Ordinary Time
Lectionary: 78

Reading 1JER 17:5-8

Thus says the LORD:
Cursed is the one who trusts in human beings,
who seeks his strength in flesh,
whose heart turns away from the LORD.
He is like a barren bush in the desert
that enjoys no change of season,
but stands in a lava waste,
a salt and empty earth.
Blessed is the one who trusts in the LORD,
whose hope is the LORD.
He is like a tree planted beside the waters
that stretches out its roots to the stream:
it fears not the heat when it comes;
its leaves stay green;
in the year of drought it shows no distress,
but still bears fruit.

Responsorial Psalm PS 1:1-2, 3, 4 AND 6

R. (40:5a) Blessed are they who hope in the Lord.
Blessed the man who follows not
the counsel of the wicked,
nor walks in the way of sinners,
nor sits in the company of the insolent,
but delights in the law of the LORD
and meditates on his law day and night.
R. Blessed are they who hope in the Lord.
He is like a tree
planted near running water,
that yields its fruit in due season,
and whose leaves never fade.
Whatever he does, prospers.
R. Blessed are they who hope in the Lord.
Not so the wicked, not so;
they are like chaff which the wind drives away.
For the LORD watches over the way of the just,
but the way of the wicked vanishes.
R. Blessed are they who hope in the Lord.

Reading 21 COR 15:12, 16-20

Brothers and sisters:
If Christ is preached as raised from the dead,
how can some among you say there is no resurrection of the dead?
If the dead are not raised, neither has Christ been raised,
and if Christ has not been raised, your faith is vain;
you are still in your sins.
Then those who have fallen asleep in Christ have perished.
If for this life only we have hoped in Christ,
we are the most pitiable people of all.

But now Christ has been raised from the dead,
the firstfruits of those who have fallen asleep.

AlleluiaLK 6:23AB

R. Alleluia, alleluia.
Rejoice and be glad;
your reward will be great in heaven.
R. Alleluia, alleluia.

GospelLK 6:17, 20-26

Jesus came down with the twelve
and stood on a stretch of level ground
with a great crowd of his disciples
and a large number of the people
from all Judea and Jerusalem
and the coastal region of Tyre and Sidon.
And raising his eyes toward his disciples he said:
“Blessed are you who are poor,
for the kingdom of God is yours.
Blessed are you who are now hungry,
for you will be satisfied.
Blessed are you who are now weeping,
for you will laugh.
Blessed are you when people hate you,
and when they exclude and insult you,
and denounce your name as evil
on account of the Son of Man.
Rejoice and leap for joy on that day!
Behold, your reward will be great in heaven.
For their ancestors treated the prophets in the same way.
But woe to you who are rich,
for you have received your consolation.
Woe to you who are filled now,
for you will be hungry.
Woe to you who laugh now,
for you will grieve and weep.
Woe to you when all speak well of you,
for their ancestors treated the false
prophets in this way.”

V Domingo Ordinario – 10 De Febrero

The Miraculous Draught of Fishes – Raphael (Source: By Raphael – Own work, user:M.chohan, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1718094)

V Domingo Ordinario
Leccionario: 75

Primera lectura 

Is 6, 1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre un trono muy alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis alas cada uno, que se gritaban el uno al otro:

“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos;
su gloria llena toda la tierra”.

Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de humo. Entonces exclamé:

“¡Ay de mí!, estoy perdido,
porque soy un hombre de labios impuros,
que habito en medio de un pueblo de labios impuros,
porque he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”.

Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que había tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la boca, diciéndome:

“Mira: Esto ha tocado tus labios.
Tu iniquidad ha sido quitada
y tus pecados están perdonados”.

Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.


Salmo Responsorial

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8.

R. (1c) Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
De todo corazón te damos gracias, 
Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. 
Te cantaremos delante de tus ángeles, 
te adoraremos en tu templo.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Señor, te damos gracias
por tu lealtad y tu amor: 
siempre que te invocamos nos oíste
y nos llenaste de valor.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Que todos los reyes de la tierra te reconozcan, 
al escuchar tus prodigios. 
Que alaben tus caminos, 
porque tu gloria es inmensa.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Tu mano, Señor, nos podrá a salvo,
y así concluirás en nosotros tu obra. 
Señor, tu amor perdura eternamente; 
obra tuya soy, no me abandones.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.


Segunda Lectura

1 Cor 15, 1-11

Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.

O bien:

I Cor 15, 3-8. 11

Hermanos: Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.


Aclamación antes del Evangelio

Mt 4, 19

R. Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor,
y yo los haré pescadores de hombres.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Fifth Sunday in Ordinary Time – February 10, 2019

The Miraculous Draught of Fishes – Raphael (Source: By Raphael – Own work, user:M.chohan, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1718094)

Fifth Sunday in Ordinary Time
Lectionary: 75

Reading 1 IS 6:1-2A, 3-8

In the year King Uzziah died,
I saw the Lord seated on a high and lofty throne,
with the train of his garment filling the temple.
Seraphim were stationed above.

They cried one to the other,
“Holy, holy, holy is the LORD of hosts!
All the earth is filled with his glory!”
At the sound of that cry, the frame of the door shook
and the house was filled with smoke.

Then I said, “Woe is me, I am doomed!
For I am a man of unclean lips,
living among a people of unclean lips;
yet my eyes have seen the King, the LORD of hosts!”
Then one of the seraphim flew to me,
holding an ember that he had taken with tongs from the altar.

He touched my mouth with it, and said,
“See, now that this has touched your lips,
your wickedness is removed, your sin purged.”

Then I heard the voice of the Lord saying,
“Whom shall I send?  Who will go for us?”
“Here I am,” I said; “send me!”

Responsorial PsalmPS 138:1-2, 2-3, 4-5, 7-8

R. (1c) In the sight of the angels I will sing your praises, Lord.
I will give thanks to you, O LORD, with all my heart,
for you have heard the words of my mouth;
in the presence of the angels I will sing your praise;
I will worship at your holy temple
and give thanks to your name.
R. In the sight of the angels I will sing your praises, Lord.
Because of your kindness and your truth;
for you have made great above all things
 your name and your promise.
When I called, you answered me;
 you built up strength within me.
R. In the sight of the angels I will sing your praises, Lord.
All the kings of the earth shall give thanks to you, O LORD,
when they hear the words of your mouth;
and they shall sing of the ways of the LORD:
“Great is the glory of the LORD.”
R. In the sight of the angels I will sing your praises, Lord.
Your right hand saves me.
The LORD will complete what he has done for me;
your kindness, O LORD, endures forever;
forsake not the work of your hands.
R. In the sight of the angels I will sing your praises, Lord.

Reading 2 1 COR 15:1-11

I am reminding you, brothers and sisters,
of the gospel I preached to you,
which you indeed received and in which you also stand.
Through it you are also being saved,
if you hold fast to the word I preached to you,
unless you believed in vain.
For I handed on to you as of first importance what I also received:
that Christ died for our sins
in accordance with the Scriptures;
that he was buried;
that he was raised on the third day
in accordance with the Scriptures;
that he appeared to Cephas, then to the Twelve.
After that, Christ appeared to more
than five hundred brothers at once,
most of whom are still living,
though some have fallen asleep.
After that he appeared to James,
then to all the apostles.
Last of all, as to one born abnormally,
he appeared to me.
For I am the least of the apostles,
not fit to be called an apostle,
because I persecuted the church of God.
But by the grace of God I am what I am,
and his grace to me has not been ineffective.
Indeed, I have toiled harder than all of them;
not I, however, but the grace of God that is with me.
Therefore, whether it be I or they,
so we preach and so you believed.

Or1 COR 15:3-8, 11

Brothers and sisters,
I handed on to you as of first importance what I also received:
that Christ died for our sins
in accordance with the Scriptures;
that he was buried;
that he was raised on the third day
in accordance with the Scriptures; 
that he appeared to Cephas, then to the Twelve.
After that, he appeared to more
than five hundred brothers at once,
most of whom are still living,
though some have fallen asleep.
After that he appeared to James,
then to all the apostles.
Last of all, as to one abnormally born,
he appeared to me.
Therefore, whether it be I or they,
so we preach and so you believed. 

AlleluiaMT 4:19

R. Alleluia, alleluia.
Come after me
and I will make you fishers of men.
R. Alleluia, alleluia.

GospelLK 5:1-11

While the crowd was pressing in on Jesus and listening
to the word of God,
he was standing by the Lake of Gennesaret.
He saw two boats there alongside the lake;
the fishermen had disembarked and were washing their nets.
Getting into one of the boats, the one belonging to Simon,
he asked him to put out a short distance from the shore.
Then he sat down and taught the crowds from the boat.
After he had finished speaking, he said to Simon,
“Put out into deep water and lower your nets for a catch.”
Simon said in reply,
“Master, we have worked hard all night and have caught nothing,
but at your command I will lower the nets.”
When they had done this, they caught a great number of fish
and their nets were tearing.
They signaled to their partners in the other boat
to come to help them. 
They came and filled both boats
so that the boats were in danger of sinking.
When Simon Peter saw this, he fell at the knees of Jesus and said,
“Depart from me, Lord, for I am a sinful man.”
For astonishment at the catch of fish they had made seized him
and all those with him,
and likewise James and John, the sons of Zebedee,
who were partners of Simon.
Jesus said to Simon, “Do not be afraid;
from now on you will be catching men.”
When they brought their boats to the shore,
they left everything and followed him.

V Domingo Ordinario – 10 de Febrero 2019

Miraculous Draught of Fishes by Raphael

Primera lectura 

Is 6, 1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado sobre un trono muy alto y magnífico. La orla de su manto llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis alas cada uno, que se gritaban el uno al otro:

“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos;
su gloria llena toda la tierra”.

Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo se llenaba de humo. Entonces exclamé:

“¡Ay de mí!, estoy perdido,
porque soy un hombre de labios impuros,
que habito en medio de un pueblo de labios impuros,
porque he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos”.

Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en la mano una brasa, que había tomado del altar con unas tenazas. Con la brasa me tocó la boca, diciéndome:

“Mira: Esto ha tocado tus labios.
Tu iniquidad ha sido quitada
y tus pecados están perdonados”.

Escuché entonces la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte mía?” Yo le respondí: “Aquí estoy, Señor, envíame”.


Salmo Responsorial

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8.

R. (1c) Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
De todo corazón te damos gracias, 
Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. 
Te cantaremos delante de tus ángeles, 
te adoraremos en tu templo.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Señor, te damos gracias
por tu lealtad y tu amor: 
siempre que te invocamos nos oíste
y nos llenaste de valor.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Que todos los reyes de la tierra te reconozcan, 
al escuchar tus prodigios. 
Que alaben tus caminos, 
porque tu gloria es inmensa.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.
Tu mano, Señor, nos podrá a salvo,
y así concluirás en nosotros tu obra. 
Señor, tu amor perdura eternamente; 
obra tuya soy, no me abandones.  
R. Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.


Segunda Lectura

1 Cor 15, 1-11

Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.

O bien:

I Cor 15, 3-8. 11

Hermanos: Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo lo que ustedes han creído.


Aclamación antes del Evangelio

Mt 4, 19

R. Aleluya, aleluya.
Síganme, dice el Señor,
y yo los haré pescadores de hombres.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes”. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!” Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.