Solemnidad de la Ascension del Señor

Primera lectura 

Hch 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.

Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó: “No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.

Los ahí reunidos le preguntaban: “Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?” Jesús les contestó: “A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra”.

Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.


Salmo Responsorial

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9

R. (6) Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Aplaudan, pueblos todos,
aclamen al Señor, de gozos llenos; 
que el Señor, el Altisimo, es terrible
y de toda la tierra, rey supremo. 
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Entre voces de júbilo y trompetas, 
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios, 
al rey honremos y cantemos todos.  
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Porque Dios es el rey del universo, 
cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones
desde su trono santo. 
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.


Segunda Lectura

Ef 1, 17-23

Hermanos: Pido al  Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo.

Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.

Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual sino también del futuro.

Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.

O bien:

Heb 9, 24-28; 10, 19-23

Hermanos: Cristo no entró en el santuario de la antigua alianza, construido por mano de hombres y que sólo era figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para estar ahora en la presencia de Dios, intercediendo por nosotros.

En la antigua alianza, el sumo sacerdote entraba cada año en el santuario para ofrecer una sangre que no era la suya; pero Cristo no tuvo que ofrecerse una y otra vez a sí mismo en sacrificio, porque en tal caso habría tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. De hecho, él se manifestó una sola vez, en el momento culminante de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo.

Y así como está determinado que los hombres mueran una sola vez y que después de la muerte venga el juicio, así también Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos. Al final se manifestará por segunda vez, pero ya no para quitar el pecado, sino para la salvación de aquellos que lo aguardan y en él tienen puesta su esperanza.

Hermanos, en virtud de la sangre de Jesucristo, tenemos la seguridad de poder entrar en el santuario, porque él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo. Asimismo, en Cristo tenemos un sacerdote incomparable al frente de la casa de Dios.

Acerquémonos, pues, con sinceridad de corazón, con una fe total, limpia la conciencia de toda mancha y purificado el cuerpo por el agua saludable. Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra esperanza, porque el que nos hizo las promesas es fiel a su palabra.


Aclamación antes del Evangelio

Mt 28, 19. 20

R. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor,
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días,
hasta el fin del mundo.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 24, 46-53

En aquel tiempo, Jesús se apareció a sus discípulos y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto. Ahora yo les voy a enviar al que mi Padre les prometió. Permanezcan, pues, en la ciudad, hasta que reciban la fuerza de lo alto”.

Después salió con ellos fuera de la ciudad, hacia un lugar cercano a Betania; levantando las manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén, llenos de gozo, y permanecían constantemente en el templo, alabando a Dios.

The Ascension of the Lord – June 2, 2019*

The Ascension of the Lord, a Holy Day of Obligation, has been transferred, to the Seventh Sunday in Easter.

Giotto, The Ascension. Scrovengi Chapel, Padua. By Giotto di Bondone, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=94640

The Ascension of the Lord
Lectionary: 58

Reading 1ACTS 1:1-11

In the first book, Theophilus,
I dealt with all that Jesus did and taught
until the day he was taken up,
after giving instructions through the Holy Spirit
to the apostles whom he had chosen.
He presented himself alive to them
by many proofs after he had suffered,
appearing to them during forty days
and speaking about the kingdom of God.
While meeting with them,
he enjoined them not to depart from Jerusalem,
but to wait for “the promise of the Father
about which you have heard me speak;
for John baptized with water,
but in a few days you will be baptized with the Holy Spirit.”

When they had gathered together they asked him,
“Lord, are you at this time going to restore the kingdom to Israel?”
He answered them, “It is not for you to know the times or seasons
that the Father has established by his own authority.
But you will receive power when the Holy Spirit comes upon you,
and you will be my witnesses in Jerusalem,
throughout Judea and Samaria,
and to the ends of the earth.”
When he had said this, as they were looking on,
he was lifted up, and a cloud took him from their sight.
While they were looking intently at the sky as he was going,
suddenly two men dressed in white garments stood beside them.
They said, “Men of Galilee,
why are you standing there looking at the sky?
This Jesus who has been taken up from you into heaven
will return in the same way as you have seen him going into heaven.”

Responsorial Psalm PS 47:2-3, 6-7, 8-9

R.(6) God mounts his throne to shouts of joy: a blare of trumpets for the Lord.
or:
R. Alleluia.
All you peoples, clap your hands,
shout to God with cries of gladness,
For the LORD, the Most High, the awesome,
is the great king over all the earth.
R. God mounts his throne to shouts of joy:  a blare of trumpets for the Lord.
or:
R. Alleluia.
God mounts his throne amid shouts of joy;
the LORD, amid trumpet blasts.
Sing praise to God, sing praise;
sing praise to our king, sing praise.
R. God mounts his throne to shouts of joy:  a blare of trumpets for the Lord.
or:
R. Alleluia.
For king of all the earth is God;
sing hymns of praise.
God reigns over the nations,
God sits upon his holy throne.
R. God mounts his throne to shouts of joy:  a blare of trumpets for the Lord.
or:
R. Alleluia.

Reading 2EPH 1:17-23

Brothers and sisters:
May the God of our Lord Jesus Christ, the Father of glory,
give you a Spirit of wisdom and revelation
resulting in knowledge of him.
May the eyes of your hearts be enlightened,
that you may know what is the hope that belongs to his call,
what are the riches of glory
in his inheritance among the holy ones,
and what is the surpassing greatness of his power
for us who believe,
in accord with the exercise of his great might:
which he worked in Christ,
raising him from the dead
and seating him at his right hand in the heavens,
far above every principality, authority, power, and dominion,
and every name that is named
not only in this age but also in the one to come.
And he put all things beneath his feet
and gave him as head over all things to the church,
which is his body,
the fullness of the one who fills all things in every way.

OrHEB 9:24-28; 10:19-23

Christ did not enter into a sanctuary made by hands,
a copy of the true one, but heaven itself,
that he might now appear before God on our behalf.
Not that he might offer himself repeatedly,
as the high priest enters each year into the sanctuary
with blood that is not his own;
if that were so, he would have had to suffer repeatedly
from the foundation of the world.
But now once for all he has appeared at the end of the ages
to take away sin by his sacrifice.
Just as it is appointed that men and women die once,
and after this the judgment, so also Christ,
offered once to take away the sins of many,
will appear a second time, not to take away sin
but to bring salvation to those who eagerly await him.

Therefore, brothers and sisters, since through the blood of Jesus
we have confidence of entrance into the sanctuary
by the new and living way he opened for us through the veil,
that is, his flesh,
and since we have a great priest over the house of God,
let us approach with a sincere heart and in absolute trust,
with our hearts sprinkled clean from an evil conscience
and our bodies washed in pure water.
Let us hold unwaveringly to our confession that gives us hope,
for he who made the promise is trustworthy.

AlleluiaMT 28:19A, 20B

R. Alleluia, alleluia.
Go and teach all nations, says the Lord;
I am with you always, until the end of the world.
R. Alleluia, alleluia.

GospelLK 24:46-53

Jesus said to his disciples:
“Thus it is written that the Christ would suffer
and rise from the dead on the third day
and that repentance, for the forgiveness of sins,
would be preached in his name
to all the nations, beginning from Jerusalem.
You are witnesses of these things. 
And behold I am sending the promise of my Father upon you;
but stay in the city
until you are clothed with power from on high.”

Then he led them out as far as Bethany,
raised his hands, and blessed them.
As he blessed them he parted from them
and was taken up to heaven.
They did him homage
and then returned to Jerusalem with great joy,
and they were continually in the temple praising God.

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6th Sunday of Easter – May 26, 2019

Sixth Sunday of Easter
Lectionary: 57

Reading 1ACTS 15:1-2, 22-29

Some who had come down from Judea were instructing the brothers,
“Unless you are circumcised according to the Mosaic practice,
you cannot be saved.”
Because there arose no little dissension and debate
by Paul and Barnabas with them,
it was decided that Paul, Barnabas, and some of the others
should go up to Jerusalem to the apostles and elders
about this question.

The apostles and elders, in agreement with the whole church,
decided to choose representatives
and to send them to Antioch with Paul and Barnabas.
The ones chosen were Judas, who was called Barsabbas,
and Silas, leaders among the brothers.
This is the letter delivered by them:

“The apostles and the elders, your brothers,
to the brothers in Antioch, Syria, and Cilicia
of Gentile origin: greetings.
Since we have heard that some of our number
who went out without any mandate from us
have upset you with their teachings
and disturbed your peace of mind,
we have with one accord decided to choose representatives
and to send them to you along with our beloved Barnabas and Paul,
who have dedicated their lives to the name of our Lord Jesus Christ.
So we are sending Judas and Silas
who will also convey this same message by word of mouth:
‘It is the decision of the Holy Spirit and of us
not to place on you any burden beyond these necessities,
namely, to abstain from meat sacrificed to idols,
from blood, from meats of strangled animals,
and from unlawful marriage.
If you keep free of these,
you will be doing what is right.  Farewell.'”

Responsorial Psalm PS 67:2-3,5,6,8

R. (4) O God, let all the nations praise you!
or:
R. Alleluia.
May God have pity on us and bless us;
may he let his face shine upon us.
So may your way be known upon earth;
among all nations, your salvation.
R. O God, let all the nations praise you!
or:
R. Alleluia.
May the nations be glad and exult
because you rule the peoples in equity;
the nations on the earth you guide.
R. O God, let all the nations praise you!
or:
R. Alleluia.
May the peoples praise you, O God;
may all the peoples praise you!
May God bless us,
and may all the ends of the earth fear him!
R. O God, let all the nations praise you!
or:
R. Alleluia.

Reading 2REV 21:10-14, 22-23

The angel took me in spirit to a great, high mountain
and showed me the holy city Jerusalem
coming down out of heaven from God.
It gleamed with the splendor of God.
Its radiance was like that of a precious stone,
like jasper, clear as crystal.
It had a massive, high wall,

with twelve gates where twelve angels were stationed
and on which names were inscribed,
the names of the twelve tribes of the Israelites.
There were three gates facing east,
three north, three south, and three west.
The wall of the city had twelve courses of stones as its foundation,
on which were inscribed the twelve names
of the twelve apostles of the Lamb.

I saw no temple in the city
for its temple is the Lord God almighty and the Lamb.
The city had no need of sun or moon to shine on it,
for the glory of God gave it light,
and its lamp was the Lamb.

AlleluiaJN 14:23

R. Alleluia, alleluia.
Whoever loves me will keep my word, says the Lord,
and my Father will love him and we will come to him.
R. Alleluia, alleluia.

GospelJN 14:23-29

Jesus said to his disciples:
“Whoever loves me will keep my word,
and my Father will love him,
and we will come to him and make our dwelling with him.
Whoever does not love me does not keep my words;
yet the word you hear is not mine
but that of the Father who sent me.

“I have told you this while I am with you.
The Advocate, the Holy Spirit,
whom the Father will send in my name,
will teach you everything
and remind you of all that I told you.
Peace I leave with you; my peace I give to you.
Not as the world gives do I give it to you.
Do not let your hearts be troubled or afraid.

You heard me tell you,
‘I am going away and I will come back to you.’
If you loved me,
you would rejoice that I am going to the Father;
for the Father is greater than I.
And now I have told you this before it happens,
so that when it happens you may believe.”

VI Domingo De Pascua – 26 de Mayo, 2019

VI Domingo de Pascua
Leccionario: 57

En aquellas regiones en que la Ascensión del Señor se celebra el domingo siguiente, se pueden utilizar, el día de hoy, la segunda lectura y el evangelio correspondiente al VII Domingo de Pascua.

Primera lectura 

Hch 15, 1-2. 22-29

En aquellos días, vinieron de Judea a Antioquía algunos discípulos y se pusieron a enseñar a los hermanos que si no se circuncidaban conforme a la ley de Moisés, no podrían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; al fin se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más fueran a Jerusalén para tratar el asunto con los apóstoles y los presbíteros.

Los apóstoles y los presbíteros, de acuerdo con toda la comunidad cristiana, juzgaron oportuno elegir a algunos de entre ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Los elegidos fueron Judas (llamado Barsabás) y Silas, varones prominentes en la comunidad. A ellos les entregaron una carta que decía:

“Nosotros, los apóstoles y los presbíteros, hermanos suyos, saludamos a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia, convertidos del paganismo. Enterados de que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, los han alarmado e inquietado a ustedes con sus palabras, hemos decidido de común acuerdo elegir a dos varones y enviárselos, en compañía de nuestros amados hermanos Bernabé y Pablo, que han consagrado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo. Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, quienes les trasmitirán, de viva voz, lo siguiente: ‘El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles más cargas que las estrictamente necesarias. A saber: que se abstengan de la fornicación y de comer lo inmolado a los ídolos, la sangre y los animales estrangulados. Si se apartan de esas cosas, harán bien’. Los saludamos”.


Salmo Responsorial

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R. (4) Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya. 
Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvación.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos
y riges en la tierra a las naciones.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos,
que los pueblos te aclamen todos juntos.
Que nos bendiga Dios
Y que le rinda honor el mundo entero.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.


Segunda Lectura

Apoc 21, 10-14. 22-23

Un ángel me transportó en espíritu a una montaña elevada, y me mostró a Jerusalén, la ciudad santa, que descendía del cielo, resplandeciente con la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra preciosa, como el de un diamante cristalino.

Tenía una muralla ancha y elevada, con doce puertas monumentales, y sobre ellas, doce ángeles y doce nombres escritos, los nombres de las doce tribus de Israel. Tres de estas puertas daban al oriente, tres al norte, tres al sur y tres al poniente. La muralla descansaba sobre doce cimientos, en los que estaban escritos los doce nombres de los apóstoles del Cordero.

No vi ningún templo en la ciudad, porque el Señor Dios todopoderoso y el Cordero son el templo. No necesita la luz del sol o de la luna, porque la gloria de Dios la ilumina y el Cordero es su lumbrera.


Aclamación antes del Evangelio

Jn 14, 23

R. Aleluya, aleluya.
El que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor;
y mi Padre lo amará y vendremos a él.
R. Aleluya.


Evangelio

Jn 14, 23-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. La palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió. Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho.

La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: ‘Me voy, pero volveré a su lado’. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean”.

Fifth Sunday of Easter – May 19, 2019

Reading 1ACTS 14:21-27

After Paul and Barnabas had proclaimed the good news
to that city
and made a considerable number of disciples,
they returned to Lystra and to Iconium and to Antioch.
They strengthened the spirits of the disciples
and exhorted them to persevere in the faith, saying,
“It is necessary for us to undergo many hardships
to enter the kingdom of God.”
They appointed elders for them in each church and,
with prayer and fasting, commended them to the Lord
in whom they had put their faith.
Then they traveled through Pisidia and reached Pamphylia.
After proclaiming the word at Perga they went down to Attalia.
From there they sailed to Antioch,
where they had been commended to the grace of God
for the work they had now accomplished. 
And when they arrived, they called the church together
and reported what God had done with them
and how he had opened the door of faith to the Gentiles.

Responsorial PsalmPS 145:8-9, 10-11, 12-13

R. (cf. 1) I will praise your name for ever, my king and my God.
or:
R. Alleluia.
The LORD is gracious and merciful,
slow to anger and of great kindness.
The LORD is good to all
and compassionate toward all his works.
R. I will praise your name for ever, my king and my God.
or:
R. Alleluia.
Let all your works give you thanks, O LORD,
and let your faithful ones bless you.
Let them discourse of the glory of your kingdom
 and speak of your might.
R. I will praise your name for ever, my king and my God.
or:
R. Alleluia.
Let them make known your might to the children of Adam,
and the glorious splendor of your kingdom.
Your kingdom is a kingdom for all ages,
and your dominion endures through all generations.
R. I will praise your name for ever, my king and my God.
or:
R. Alleluia.

Reading 2REV 21:1-5A

Then I, John, saw a new heaven and a new earth.
The former heaven and the former earth had passed away,
and the sea was no more.
I also saw the holy city, a new Jerusalem,
coming down out of heaven from God,
prepared as a bride adorned for her husband.
I heard a loud voice from the throne saying,
“Behold, God’s dwelling is with the human race.
He will dwell with them and they will be his people
and God himself will always be with them as their God.
He will wipe every tear from their eyes,
and there shall be no more death or mourning, wailing or pain,
for the old order has passed away.”

The One who sat on the throne said,
“Behold, I make all things new.”

AlleluiaJN 13:34

R. Alleluia, alleluia.
I give you a new commandment, says the Lord:
love one another as I have loved you.
R. Alleluia, alleluia.

GospelJN 13:31-33A, 34-35

When Judas had left them, Jesus said,
“Now is the Son of Man glorified, and God is glorified in him.
If God is glorified in him,
God will also glorify him in himself,
and God will glorify him at once.
My children, I will be with you only a little while longer.
I give you a new commandment: love one another.
As I have loved you, so you also should love one another.
This is how all will know that you are my disciples,
if you have love for one another.”

V Domingo De Pascua – 19 De Mayo 2019

Primera lectura 

Hch 14, 21b-27

En aquellos días, volvieron Pablo y Bernabé a Listra, Iconio y Antioquía, y ahí animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad designaban presbíteros, y con oraciones y ayunos los encomendaban al Señor, en quien habían creído.

Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia; predicaron en Perge y llegaron a Atalía. De ahí se embarcaron para Antioquía, de donde habían salido, con la gracia de Dios, para la misión que acababan de cumplir.

Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que había hecho Dios por medio de ellos y cómo les había abierto a los paganos las puertas de la fe.


Salmo Responsorial

Salmo 144, 8-9. 10-11. 12-13ab

R. (cf. 1) Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas. 
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.
Que te alaben, Señor, todas tus obras
y que todos tus fieles te bendigan.
Que proclamen la gloria de tu reino
Y den a conocer tus maravillas. 
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.
Que muestren a los hombres tus proezas, 
el esplendor y la gloria de tu reino.
Tu reino, Señor, es para siempre,
y tu imperio, por todos las generaciones.  
R. Bendeciré al Señor eternamente. Aleluya.

Segunda Lectura

Apoc. 21, 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el mar ya no existía.

También vi que descendía del cielo, desde donde está Dios, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que va a desposarse con su prometido. Oí una gran voz, que venía del cielo, que decía:

“Ésta es la morada de Dios con los hombres;
vivirá con ellos como su Dios
y ellos serán su pueblo.
Dios les enjugará todas sus lágrimas
y ya no habrá muerte ni duelo,
ni penas ni llantos,
porque ya todo lo antiguo terminó”.

Entonces el que estaba sentado en el trono, dijo: “Ahora yo voy a hacer nuevas todas las cosas”.


Aclamación antes del Evangelio

Jn 13, 34

R. Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor,
que se amen los unos a los otros, como yo los he amado.
R. Aleluya.


Evangelio

Jn 13, 31-33a. 34-35

Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.

IV Domingo De Pasqua – l2 De Mayo 2019

Primera lectura 

The Good Shepherd from
 Mausoleum of Galla Placidia, Ravenna, Italy (source: Wikimedia Commons)
Hch 13, 14. 43-52

En aquellos días, Pablo y Bernabé prosiguieron su camino desde Perge hasta Antioquía de Pisidia, y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos piadosos acompañaron a Pablo y a Bernabé, quienes siguieron exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad de Antioquía acudió a oír la palabra de Dios. Cuando los judíos vieron una concurrencia tan grande, se llenaron de envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía: “La palabra de Dios debía ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. Así nos lo ha ordenado el Señor, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvación hasta los últimos rincones de la tierra”.

Al enterarse de esto, los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna.

La palabra de Dios se iba propagando por toda la región. Pero los judíos azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé, hasta expulsarlos de su territorio.

Pablo y Bernabé se sacudieron el polvo de los pies, como señal de protesta, y se marcharon a Iconio, mientras los discípulos se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.


Salmo Responsorial

Salmo 99, 2. 3. 5

R. (3c) El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.
Alabemos a Dios todos los hombres, 
sirvamos al Señor con alegría
y con júbilo entremos en su templo. 
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.
Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño. 
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
Porque es eterna su misericordia
y su fidelidad nunca se acaba. 
R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya.


Segunda Lectura

Apoc 7, 9. 14b-17

Yo, Juan, vi una muchedumbre tan grande, que nadie podía contarla. Eran individuos de todas las naciones y razas, de todos los pueblos y lenguas. Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas en las manos.

Uno de los ancianos que estaban junto al trono, me dijo: “Éstos son los que han pasado por la gran persecución y han lavado y blanqueado su túnica con la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios y le sirven día y noche en su templo, y el que está sentado en el trono los protegerá continuamente.

Ya no sufrirán hambre ni sed,
no los quemará el sol ni los agobiará el calor.
Porque el Cordero, que está en el trono, será su pastor
y los conducirá a las fuentes del agua de la vida
y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima”.


Aclamación antes del Evangelio

Jn 10, 14

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen pastor, dice el Señor;
yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí.
R. Aleluya.


Evangelio


The Apse Mosaic of San Clemente, Rome. The Crucifix is presented as a Tree of Life, and the symbolic herd of sheep are among the elements. Written beneath is an inscription in Latin which translated says “We have compared the Church of Christ to this vine; the Law made it wither but the Cross made it bloom.”  (Source: Crisis Magazine.
https://www.crisismagazine.com/2012/a-sign-of-contradiction-the-apse-mosaic-of-san-clemente )
Jn 10, 27-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.

Fourth Sunday of Easter – May 12, 2019

Fourth Sunday of Easter
Lectionary: 51


The Good Shepherd from
 Mausoleum of Galla Placidia, Ravenna, Italy (source: Wikimedia Commons)

Reading 1ACTS 13:14, 43-52

Paul and Barnabas continued on from Perga
and reached Antioch in Pisidia.
On the sabbath they entered the synagogue and took their seats.
Many Jews and worshipers who were converts to Judaism
followed Paul and Barnabas, who spoke to them
and urged them to remain faithful to the grace of God.

On the following sabbath almost the whole city gathered
to hear the word of the Lord.
When the Jews saw the crowds, they were filled with jealousy
and with violent abuse contradicted what Paul said.
Both Paul and Barnabas spoke out boldly and said,
“It was necessary that the word of God be spoken to you first,
but since you reject it
and condemn yourselves as unworthy of eternal life,
we now turn to the Gentiles.
For so the Lord has commanded us,
I have made you a light to the Gentiles,
that you may be an instrument of salvation
to the ends of the earth.”

The Gentiles were delighted when they heard this
and glorified the word of the Lord.
All who were destined for eternal life came to believe,
and the word of the Lord continued to spread
through the whole region.
The Jews, however, incited the women of prominence who were worshipers
and the leading men of the city,
stirred up a persecution against Paul and Barnabas,
and expelled them from their territory.
So they shook the dust from their feet in protest against them,
and went to Iconium.
The disciples were filled with joy and the Holy Spirit.

Responsorial Psalm PS 100:1-2, 3, 5

R.(3c) We are his people, the sheep of his flock.
or:
R. Alleluia.
Sing joyfully to the LORD, all you lands;
serve the LORD with gladness;
come before him with joyful song.
R. We are his people, the sheep of his flock.
or:
R. Alleluia.
Know that the LORD is God;
he made us, his we are;
his people, the flock he tends.
R.We are his people, the sheep of his flock.
or:
R. Alleluia.
The LORD is good:
his kindness endures forever,
and his faithfulness, to all generations.
R.We are his people, the sheep of his flock.
or:
R. Alleluia.

Reading 2 REV 7:9, 14B-17

I, John, had a vision of a great multitude,
which no one could count,
from every nation, race, people, and tongue.
They stood before the throne and before the Lamb,
wearing white robes and holding palm branches in their hands.

Then one of the elders said to me,
“These are the ones who have survived the time of great distress;
they have washed their robes
and made them white in the blood of the Lamb.

“For this reason they stand before God’s throne
and worship him day and night in his temple.
The one who sits on the throne will shelter them.
They will not hunger or thirst anymore,
nor will the sun or any heat strike them.
For the Lamb who is in the center of the throne
will shepherd them
and lead them to springs of life-giving water,
and God will wipe away every tear from their eyes.”

AlleluiaJN 10:14

R. Alleluia, alleluia.
I am the good shepherd, says the Lord;
I know my sheep, and mine know me.
R. Alleluia, alleluia.

GospelJN 10:27-30

The Apse Mosaic of San Clemente, Rome. The Crucifix is presented as a Tree of Life, and the symbolic herd of sheep are among the elements. Written beneath is an inscription in Latin which translated says “We have compared the Church of Christ to this vine; the Law made it wither but the Cross made it bloom.”  (Source: Crisis Magazine
https://www.crisismagazine.com/2012/a-sign-of-contradiction-the-apse-mosaic-of-san-clemente )

Jesus said:
“My sheep hear my voice;
I know them, and they follow me.
I give them eternal life, and they shall never perish.
No one can take them out of my hand.
My Father, who has given them to me, is greater than all,
and no one can take them out of the Father’s hand.
The Father and I are one.”

III Domingo de Pasquale – 5 de Mayo 2019

5 De Mayo 2019

III Domingo de Pascua
Leccionario: 48

Primera lectura 

Hch 5, 27b-32. 40b-41

En aquellos días, el sumo sacerdote reprendió a los apóstoles y les dijo: “Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre”.

Pedro y los otros apóstoles replicaron: “Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz. La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho jefe y Salvador, para dar a Israel la gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que lo obedecen”.

Los miembros del sanedrín mandaron azotar a los apóstoles, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos se retiraron del sanedrín, felices de haber padecido aquellos ultrajes por el nombre de Jesús.


Salmo Responsorial

Salmo 29, 2 y 4. 5 y 6. 11 y 12a y 13b

R. (2a) Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
ya punto de morir, me reviviste.  
R. Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.
Alaban al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde; 
por la mañana, el jubilo. 
R. Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.
Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mu duelo en alegría, 
te alabaré por eso eternamente. 
R. Te alabaré, Señor, eternamente. Aleluya.


Segunda Lectura

Apoc 5, 11-14

Yo, Juan, tuve una visión, en la cual oí alrededor del trono de los vivientes y los ancianos, la voz de millones y millones de ángeles, que cantaban con voz potente:

“Digno es el Cordero, que fue inmolado,
de recibir el poder y la riqueza,
la sabiduría y la fuerza,
el honor, la gloria y la alabanza”.

Oí a todas las creaturas que hay en el cielo, en la tierra, debajo de la tierra y en el mar –todo cuanto existe–, que decían:

“Al que está sentado en el trono y al Cordero,
la alabanza, el honor, la gloria y el poder,
por los siglos de los siglos”.

Y los cuatro vivientes respondían: “Amén”. Los veinticuatro ancianos se postraron en tierra y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.


Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Ha resucitado Cristo, que creó todas las cosas
y se compadeció del género humano.
R. Aleluya.


Evangelio

Jn 21, 1-19

En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera:

Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Después de almorzar le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras”. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

3rd Sunday in Easter – May 5, 2019

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Third Sunday of Easter
Lectionary: 48fu

Reading 1 ACTS 5:27-32, 40B-41

When the captain and the court officers had brought the apostles in
and made them stand before the Sanhedrin,
the high priest questioned them,
“We gave you strict orders, did we not,
to stop teaching in that name?
Yet you have filled Jerusalem with your teaching
and want to bring this man’s blood upon us.”
But Peter and the apostles said in reply,
“We must obey God rather than men.
The God of our ancestors raised Jesus,
though you had him killed by hanging him on a tree.
God exalted him at his right hand as leader and savior
to grant Israel repentance and forgiveness of sins.
We are witnesses of these things,
as is the Holy Spirit whom God has given to those who obey him.”

The Sanhedrin ordered the apostles
to stop speaking in the name of Jesus, and dismissed them.
So they left the presence of the Sanhedrin,
rejoicing that they had been found worthy
to suffer dishonor for the sake of the name.

Responsorial Psalm PS 30:2, 4, 5-6, 11-12, 13

R. (2a) I will praise you, Lord, for you have rescued me.
or:
R. Alleluia.
I will extol you, O LORD, for you drew me clear
and did not let my enemies rejoice over me.
O LORD, you brought me up from the netherworld;
you preserved me from among those going down into the pit.
R. I will praise you, Lord, for you have rescued me.
or:
R. Alleluia.
Sing praise to the LORD, you his faithful ones,
and give thanks to his holy name.
For his anger lasts but a moment;
a lifetime, his good will.
At nightfall, weeping enters in,
 but with the dawn, rejoicing.
R. I will praise you, Lord, for you have rescued me.
or:
R. Alleluia.
Hear, O LORD, and have pity on me;
O LORD, be my helper.
You changed my mourning into dancing;
O LORD, my God, forever will I give you thanks.
R. I will praise you, Lord, for you have rescued me.
or:
R. Alleluia.

Reading 2 REV 5:11-14

I, John, looked and heard the voices of many angels
who surrounded the throne
and the living creatures and the elders.
They were countless in number, and they cried out in a loud voice:
“Worthy is the Lamb that was slain 
to receive power and riches, wisdom and strength,
honor and glory and blessing.”
Then I heard every creature in heaven and on earth
and under the earth and in the sea,
everything in the universe, cry out:
“To the one who sits on the throne and to the Lamb
be blessing and honor, glory and might,
forever and ever.”
The four living creatures answered, “Amen, “
and the elders fell down and worshiped.

Alleluia

R. Alleluia, alleluia.
Christ is risen, creator of all;
he has shown pity on all people.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel JN 21:1-19 

At that time, Jesus revealed himself again to his disciples at the Sea of Tiberias.
He revealed himself in this way.
Together were Simon Peter, Thomas called Didymus,
Nathanael from Cana in Galilee,
Zebedee’s sons, and two others of his disciples.
Simon Peter said to them, “I am going fishing.”
They said to him, “We also will come with you.”
So they went out and got into the boat,
but that night they caught nothing.
When it was already dawn, Jesus was standing on the shore;
but the disciples did not realize that it was Jesus.
Jesus said to them, “Children, have you caught anything to eat?”
They answered him, “No.”
So he said to them, “Cast the net over the right side of the boat
and you will find something.”
So they cast it, and were not able to pull it in
because of the number of fish.
So the disciple whom Jesus loved said to Peter, “It is the Lord.”
When Simon Peter heard that it was the Lord,
he tucked in his garment, for he was lightly clad,
and jumped into the sea.
The other disciples came in the boat,
for they were not far from shore, only about a hundred yards,
dragging the net with the fish.
When they climbed out on shore,
they saw a charcoal fire with fish on it and bread.
Jesus said to them, “Bring some of the fish you just caught.”
So Simon Peter went over and dragged the net ashore
full of one hundred fifty-three large fish.
Even though there were so many, the net was not torn.
Jesus said to them, “Come, have breakfast.”
And none of the disciples dared to ask him, “Who are you?”
because they realized it was the Lord.
Jesus came over and took the bread and gave it to them,
and in like manner the fish.
This was now the third time Jesus was revealed to his disciples
after being raised from the dead.
When they had finished breakfast, Jesus said to Simon Peter,
“Simon, son of John, do you love me more than these?”
Simon Peter answered him, “Yes, Lord, you know that I love you.”
Jesus said to him, “Feed my lambs.”
He then said to Simon Peter a second time,
“Simon, son of John, do you love me?”
Simon Peter answered him, “Yes, Lord, you know that I love you.”
Jesus said to him, “Tend my sheep.”
Jesus said to him the third time,
“Simon, son of John, do you love me?”
Peter was distressed that Jesus had said to him a third time,
“Do you love me?” and he said to him,
“Lord, you know everything; you know that I love you.”
Jesus said to him, “Feed my sheep.
Amen, amen, I say to you, when you were younger,
you used to dress yourself and go where you wanted;
but when you grow old, you will stretch out your hands,
and someone else will dress you
and lead you where you do not want to go.”
He said this signifying by what kind of death he would glorify God.
And when he had said this, he said to him, “Follow me.”