XXVI Domingo Ordinario – 29 De Septiembre 2019

Primera lectura

Am 6, 1. 4-7

Esto dice el Señor todopoderoso:
“¡Ay de ustedes, los que se sienten seguros en Sión
y los que ponen su confianza
en el monte sagrado de Samaria!
Se reclinan sobre divanes adornados con marfil,
se recuestan sobre almohadones
para comer los corderos del rebaño y las terneras en engorda.
Canturrean al son del arpa,
creyendo cantar como David.
Se atiborran de vino,
se ponen los perfumes más costosos,
pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos.

Por eso irán al destierro a la cabeza de los cautivos
y se acabará la orgía de los disolutos”.


Salmo Responsorial

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10

R. (1b) Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
El Señor siempre es fiel a su palabra,
y es quien hace justicia al oprimido;
él proporciona pan a los hambrientos
y libera al cautivo.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
Abre el Señor los ojos de los ciegos
y alivia al agobiado.
Ama el Señor al hombre justo
y toma al forastero a su cuidado.
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.
A la viuda y al huérfano sustenta
y trastorna los planes del inicuo.
Reina el Señor eternamente,
reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos. 
R. Alabemos al Señor, que viene a salvarnos.


Segunda lectura

1 Tm 6, 11-16

Hermano: Tú, como hombre de Dios, lleva una vida de rectitud, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre. Lucha en el noble combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste tan admirable profesión ante numerosos testigos.

Ahora, en presencia de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que dio tan admirable testimonio ante Poncio Pilato, te ordeno que cumplas fiel e irreprochablemente, todo lo mandado, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, la cual dará a conocer a su debido tiempo Dios, el bienaventurado y único soberano, rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, el que habita en una luz inaccesible y a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él todo honor y poder para siempre.


Aclamación antes del Evangelio

2 Cor 8, 9

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 16, 19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces gritó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’.

El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto'”.

26th Sunday in Ordinary Time – September 29, 2019

Reading 1AM 6:1A, 4-7

Thus says the LORD the God of hosts:
 Woe to the complacent in Zion!
 Lying upon beds of ivory,
 stretched comfortably on their couches,
 they eat lambs taken from the flock,
 and calves from the stall!
 Improvising to the music of the harp,
 like David, they devise their own accompaniment.
 They drink wine from bowls
 and anoint themselves with the best oils;
 yet they are not made ill by the collapse of Joseph!
 Therefore, now they shall be the first to go into exile,
 and their wanton revelry shall be done away with.

Responsorial PsalmPS 146:7, 8-9, 9-10

R. (1b) Praise the Lord, my soul!
or:
R. Alleluia.
Blessed he who keeps faith forever,
 secures justice for the oppressed,
 gives food to the hungry.
The LORD sets captives free.
R. Praise the Lord, my soul!
or:
R. Alleluia.
The LORD gives sight to the blind;
 the LORD raises up those who were bowed down.
The LORD loves the just;
 the LORD protects strangers.
R. Praise the Lord, my soul!
or:
R. Alleluia.
The fatherless and the widow he sustains,
 but the way of the wicked he thwarts.
The LORD shall reign forever;
 your God, O Zion, through all generations. Alleluia.
R. Praise the Lord, my soul!
or:
R. Alleluia.

Reading 21 TM 6:11-16

But you, man of God, pursue righteousness,
devotion, faith, love, patience, and gentleness.
Compete well for the faith.
Lay hold of eternal life, to which you were called
when you made the noble confession in the presence of many witnesses.
I charge you before God, who gives life to all things,
and before Christ Jesus,
who gave testimony under Pontius Pilate for the noble confession,
to keep the commandment without stain or reproach
until the appearance of our Lord Jesus Christ
that the blessed and only ruler
will make manifest at the proper time,
the King of kings and Lord of lords,
who alone has immortality, who dwells in unapproachable light,
and whom no human being has seen or can see.
To him be honor and eternal power.  Amen.

AlleluiaCF. 2 COR 8:9

R. Alleluia, alleluia.
Though our Lord Jesus Christ was rich, he became poor,
so that by his poverty you might become rich.
R. Alleluia, alleluia.

GospelLK 16:19-31

Jesus said to the Pharisees:
“There was a rich man who dressed in purple garments and fine linen
and dined sumptuously each day.
And lying at his door was a poor man named Lazarus, covered with sores,
who would gladly have eaten his fill of the scraps
that fell from the rich man’s table.
Dogs even used to come and lick his sores.
When the poor man died,
he was carried away by angels to the bosom of Abraham.
The rich man also died and was buried,
and from the netherworld, where he was in torment,
he raised his eyes and saw Abraham far off
and Lazarus at his side.
And he cried out, ‘Father Abraham, have pity on me.
Send Lazarus to dip the tip of his finger in water and cool my tongue,
for I am suffering torment in these flames.’
Abraham replied,
‘My child, remember that you received
what was good during your lifetime
while Lazarus likewise received what was bad;
but now he is comforted here, whereas you are tormented.
Moreover, between us and you a great chasm is established
to prevent anyone from crossing who might wish to go
from our side to yours or from your side to ours.’
He said, ‘Then I beg you, father,
send him to my father’s house, for I have five brothers,
so that he may warn them,
lest they too come to this place of torment.’
But Abraham replied, ‘They have Moses and the prophets.
Let them listen to them.’
He said, ‘Oh no, father Abraham,
but if someone from the dead goes to them, they will repent.’
Then Abraham said, ‘If they will not listen to Moses and the prophets,
neither will they be persuaded if someone should rise from the dead.'”

XXV Domingo Ordinario – 22 De Septiembre 2019

Primera lectura 

Am 8, 4-7

Escuchen esto los que buscan al pobre
sólo para arruinarlo
y andan diciendo:
“¿Cuándo pasará el descanso del primer día del mes
para vender nuestro trigo,
y el descanso del sábado
para reabrir nuestros graneros?”
Disminuyen las medidas,
aumentan los precios,
alteran las balanzas,
obligan a los pobres a venderse;
por un par de sandalias los compran
y hasta venden el salvado como trigo.

El Señor, gloria de Israel, lo ha jurado:
“No olvidaré jamás ninguna de estas acciones”.


Salmo Responsorial

Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8

R. (cf. 1a y 7b) Que alaben al Señor todos sus siervos.
Bendita sea el Señor,
alábenlo sus siervos.
Bendito sea el Señor,
desde ahora y para siempre. 
R. Que alaben al Señor todos sus siervos.
Dios está sobre todos las naciones,
su gloria por encima de los cielos.
¿Quién hay como el Señor? 
¿Quién iguala al Dios nuestro? 
R. Que alaben al Señor todos sus siervos.
El tiene en las alturas su morada
y sin embargo de esto, 
bajar se digna su mirada
para ver tierra y cielo. 
R. Que alaben al Señor todos sus siervos.
El levanta del polvo al desvalido
y saca al indigente del estiércol
para hacerlo sentar entre los grandes,
los jefes de su pueblo. 
R. Que alaben al Señor todos sus siervos.

Segunda lectura

1 Tm 2, 1-8

Te ruego, hermano, que ante todo se hagan oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, y en particular, por los jefes de Estado y las demás autoridades, para que podamos llevar una vida tranquila y en paz, entregada a Dios y respetable en todo sentido.

Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro salvador, pues él quiere que todos los hombres se salven y todos lleguen al conocimiento de la verdad, porque no hay sino un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre él también, que se entregó como rescate por todos.

Él dio testimonio de esto a su debido tiempo y de esto yo he sido constituido, digo la verdad y no miento, pregonero y apóstol para enseñar la fe y la verdad.

Quiero, pues, que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración dondequiera que se encuentren, levantando al cielo sus manos puras.


Aclamación antes del Evangelio

2 Cor 8, 9

R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 16, 1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’. 

Entonces el administrador se puso a pensar: ‘¿Que voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan’.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: ‘¿Cuánto le debes a mi amo?’ El hombre respondió: ‘Cien barriles de aceite’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta’. Luego preguntó al siguiente: ‘Y tú, ¿cuánto debes?’ Éste respondió: ‘Cien sacos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu recibo y haz otro por ochenta’.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios, que los que pertenecen a la luz.

Y yo les digo: Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. 

El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.

O bien:

Lc 16, 10-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.

25th Sunday in Ordinary Time – September 22, 2019

Twenty-fifth Sunday in Ordinary Time
Lectionary: 135

Reading 1AM 8:4-7

Hear this, you who trample upon the needy
 and destroy the poor of the land!
 “When will the new moon be over,” you ask,
 “that we may sell our grain,
 and the sabbath, that we may display the wheat?
 We will diminish the ephah,
 add to the shekel,
 and fix our scales for cheating!
 We will buy the lowly for silver,
 and the poor for a pair of sandals;
 even the refuse of the wheat we will sell!”
 The LORD has sworn by the pride of Jacob:
 Never will I forget a thing they have done!

Responsorial PsalmPS 113:1-2, 4-6, 7-8

R. (cf. 1a, 7b) Praise the Lord who lifts up the poor.
or:
R. Alleluia.
Praise, you servants of the LORD,
 praise the name of the LORD.
Blessed be the name of the LORD
 both now and forever.
R. Praise the Lord who lifts up the poor.
or:
R. Alleluia.
High above all nations is the LORD;
 above the heavens is his glory.
Who is like the LORD, our God, who is enthroned on high
 and looks upon the heavens and the earth below?
R. Praise the Lord who lifts up the poor.
or:
R. Alleluia.
He raises up the lowly from the dust;
 from the dunghill he lifts up the poor
to seat them with princes,
 with the princes of his own people.
R. Praise the Lord who lifts up the poor.
or:
R. Alleluia.

Reading 21 TM 2:1-8

Beloved:
First of all, I ask that supplications, prayers,
petitions, and thanksgivings be offered for everyone,
for kings and for all in authority,
that we may lead a quiet and tranquil life
in all devotion and dignity. 
This is good and pleasing to God our savior,
who wills everyone to be saved
and to come to knowledge of the truth.
For there is one God.
There is also one mediator between God and men,
     the man Christ Jesus,
who gave himself as ransom for all.
This was the testimony at the proper time. 
For this I was appointed preacher and apostle
— I am speaking the truth, I am not lying —,
teacher of the Gentiles in faith and truth.

It is my wish, then, that in every place the men should pray,
lifting up holy hands, without anger or argument.

AlleluiaCF. 2 COR 8:9

R. Alleluia, alleluia.
Though our Lord Jesus Christ was rich, he became poor,
so that by his poverty you might become rich.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel LK 16:1-13

Jesus said to his disciples,
“A rich man had a steward
who was reported to him for squandering his property. 
He summoned him and said,
‘What is this I hear about you? 
Prepare a full account of your stewardship,
because you can no longer be my steward.’
The steward said to himself, ‘What shall I do,
now that my master is taking the position of steward away from me? 
I am not strong enough to dig and I am ashamed to beg. 
I know what I shall do so that,
when I am removed from the stewardship,
they may welcome me into their homes.’
He called in his master’s debtors one by one. 
To the first he said,
‘How much do you owe my master?’
He replied, ‘One hundred measures of olive oil.’
He said to him, ‘Here is your promissory note. 
Sit down and quickly write one for fifty.’
Then to another the steward said, ‘And you, how much do you owe?’
He replied, ‘One hundred kors of wheat.’
The steward said to him, ‘Here is your promissory note;
write one for eighty.’
And the master commended that dishonest steward for acting prudently.
“For the children of this world
are more prudent in dealing with their own generation
than are the children of light. 
I tell you, make friends for yourselves with dishonest wealth,
so that when it fails, you will be welcomed into eternal dwellings.
The person who is trustworthy in very small matters
is also trustworthy in great ones;
and the person who is dishonest in very small matters
is also dishonest in great ones. 
If, therefore, you are not trustworthy with dishonest wealth,
who will trust you with true wealth? 
If you are not trustworthy with what belongs to another,
who will give you what is yours? 
No servant can serve two masters. 
He will either hate one and love the other,
or be devoted to one and despise the other. 
You cannot serve both God and mammon.”

OrLK 16:10-13

Jesus said to his disciples:
“The person who is trustworthy in very small matters
is also trustworthy in great ones;
and the person who is dishonest in very small matters
is also dishonest in great ones. 
If, therefore, you are not trustworthy with dishonest wealth,
who will trust you with true wealth? 
If you are not trustworthy with what belongs to another,
who will give you what is yours? 
No servant can serve two masters. 
He will either hate one and love the other,
or be devoted to one and despise the other. 
You cannot serve both God and mammon.”

XXIV Domingo Ordinario – 15 De Septiembre 2019

Primera lectura 

Ex 32, 7-11. 13-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “Anda, baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido. No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificios y le han dicho: ‘Éste es tu Dios, Israel; es el que te sacó de Egipto’ “.

El Señor le dijo también a Moisés: “Veo que éste es un pueblo de cabeza dura. Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo”.

Moisés trató de aplacar al Señor, su Dios, diciéndole: “¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano? Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: ‘Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y les daré en posesión perpetua toda la tierra que les he prometido’ “.

Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo.


Salmo Responsorial

Salmo 50, 3-4. 12-13. 17 y 19

R. (Lc 15, 18) Me levantaré y volveré a mi padre.
Por tu inmensa compasión y misericordia, 
Señor, apiádate de mí olvida mis ofensas. 
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados. 
R. Me levantaré y volveré a mi padre.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, 
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.. 
R. Me levantaré y volveré a mi padre.
Señor, abre mis labios
y cantará mi boca tu alabanza.
Un corazón contrito te presento
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias. 
R. Me levantaré y volveré a mi padre.

Segunda lectura

1 Tm 1, 12-17

Querido hermano: Doy gracias a aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo, por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio, a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús.

Puedes fiarte de lo que voy a decirte y aceptarlo sin reservas: que Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero Cristo Jesús me perdonó, para que fuera yo el primero en quien él manifestara toda su generosidad y sirviera yo de ejemplo a los que habrían de creer en él, para obtener la vida eterna.

Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Aclamación antes del Evangelio

2 Cor 5, 19

R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 15, 1-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.

También les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte que me toca de la herencia’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo, y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ “.

O bien:

Lc 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.

24th Sunday in Ordinary Time – Sept. 15, 2019

Reading 1EX 32:7-11, 13-14

The LORD said to Moses,
“Go down at once to your people,
whom you brought out of the land of Egypt,
for they have become depraved. 
They have soon turned aside from the way I pointed out to them,
making for themselves a molten calf and worshiping it,
sacrificing to it and crying out,
‘This is your God, O Israel,
who brought you out of the land of Egypt!’
“I see how stiff-necked this people is, ” continued the LORD to Moses.
Let me alone, then,
that my wrath may blaze up against them to consume them. 
Then I will make of you a great nation.”

But Moses implored the LORD, his God, saying,
“Why, O LORD, should your wrath blaze up against your own people,
whom you brought out of the land of Egypt
with such great power and with so strong a hand? 
Remember your servants Abraham, Isaac, and Israel,
and how you swore to them by your own self, saying,
‘I will make your descendants as numerous as the stars in the sky;
and all this land that I promised,
I will give your descendants as their perpetual heritage.'” 
So the LORD relented in the punishment
he had threatened to inflict on his people.

Responsorial PsalmPS 51:3-4, 12-13, 17, 19

R. (Lk 15:18)  I will rise and go to my father.
Have mercy on me, O God, in your goodness;
in the greatness of your compassion wipe out my offense.
Thoroughly wash me from my guilt
and of my sin cleanse me.
R. I will rise and go to my father.
A clean heart create for me, O God,
and a steadfast spirit renew within me.
Cast me not out from your presence,
and your Holy Spirit take not from me.
R. I will rise and go to my father.
O Lord, open my lips,
and my mouth shall proclaim your praise.
My sacrifice, O God, is a contrite spirit;
a heart contrite and humbled, O God, you will not spurn.
R. I will rise and go to my father.

Reading 21 TM 1:12-17

Beloved:
I am grateful to him who has strengthened me, Christ Jesus our Lord,
because he considered me trustworthy
in appointing me to the ministry. 
I was once a blasphemer and a persecutor and arrogant,
but I have been mercifully treated
because I acted out of ignorance in my unbelief. 
Indeed, the grace of our Lord has been abundant,
along with the faith and love that are in Christ Jesus. 
This saying is trustworthy and deserves full acceptance:
Christ Jesus came into the world to save sinners. 
Of these I am the foremost. 
But for that reason I was mercifully treated,
so that in me, as the foremost,
Christ Jesus might display all his patience as an example
for those who would come to believe in him for everlasting life. 
To the king of ages, incorruptible, invisible, the only God,
honor and glory forever and ever.  Amen.

Alleluia2 COR 5:19

R. Alleluia, alleluia.
God was reconciling the world to himself in Christ
and entrusting to us the message of reconciliation.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel LK 15:1-32

Tax collectors and sinners were all drawing near to listen to Jesus,
but the Pharisees and scribes began to complain, saying,
“This man welcomes sinners and eats with them.” 
So to them he addressed this parable.
“What man among you having a hundred sheep and losing one of them
would not leave the ninety-nine in the desert
and go after the lost one until he finds it?
And when he does find it,
he sets it on his shoulders with great joy
and, upon his arrival home,
he calls together his friends and neighbors and says to them,
‘Rejoice with me because I have found my lost sheep.’
I tell you, in just the same way
there will be more joy in heaven over one sinner who repents
than over ninety-nine righteous people
who have no need of repentance.

“Or what woman having ten coins and losing one
would not light a lamp and sweep the house,
searching carefully until she finds it?
And when she does find it,
she calls together her friends and neighbors
and says to them,
‘Rejoice with me because I have found the coin that I lost.’
In just the same way, I tell you,
there will be rejoicing among the angels of God
over one sinner who repents.”

Then he said, 
“A man had two sons, and the younger son said to his father,
‘Father give me the share of your estate that should come to me.’
So the father divided the property between them. 
After a few days, the younger son collected all his belongings
and set off to a distant country
where he squandered his inheritance on a life of dissipation. 
When he had freely spent everything,
a severe famine struck that country,
and he found himself in dire need. 
So he hired himself out to one of the local citizens
who sent him to his farm to tend the swine. 
And he longed to eat his fill of the pods on which the swine fed,
but nobody gave him any.
Coming to his senses he thought,
‘How many of my father’s hired workers
have more than enough food to eat,
but here am I, dying from hunger. 
I shall get up and go to my father and I shall say to him,
“Father, I have sinned against heaven and against you. 
I no longer deserve to be called your son;
treat me as you would treat one of your hired workers.”’
So he got up and went back to his father. 
While he was still a long way off,
his father caught sight of him,
and was filled with compassion. 
He ran to his son, embraced him and kissed him. 
His son said to him,
‘Father, I have sinned against heaven and against you;
I no longer deserve to be called your son.’
But his father ordered his servants,
‘Quickly bring the finest robe and put it on him;
put a ring on his finger and sandals on his feet. 
Take the fattened calf and slaughter it. 
Then let us celebrate with a feast,
because this son of mine was dead, and has come to life again;
he was lost, and has been found.’
Then the celebration began. 
Now the older son had been out in the field
and, on his way back, as he neared the house,
he heard the sound of music and dancing. 
He called one of the servants and asked what this might mean. 
The servant said to him,
‘Your brother has returned
and your father has slaughtered the fattened calf
because he has him back safe and sound.’
He became angry,
and when he refused to enter the house,
his father came out and pleaded with him. 
He said to his father in reply,
‘Look, all these years I served you
and not once did I disobey your orders;
yet you never gave me even a young goat to feast on with my friends. But when your son returns,
who swallowed up your property with prostitutes,
for him you slaughter the fattened calf.’
He said to him,
‘My son, you are here with me always;
everything I have is yours. 
But now we must celebrate and rejoice,
because your brother was dead and has come to life again;
he was lost and has been found.’”

OrLK 15:1-10

Tax collectors and sinners were all drawing near to listen to Jesus,
but the Pharisees and scribes began to complain, saying,
“This man welcomes sinners and eats with them.” 
So to them he addressed this parable.
“What man among you having a hundred sheep and losing one of them
would not leave the ninety-nine in the desert
and go after the lost one until he finds it?
And when he does find it,
he sets it on his shoulders with great joy
and, upon his arrival home,
he calls together his friends and neighbors and says to them,
‘Rejoice with me because I have found my lost sheep.’
I tell you, in just the same way
there will be more joy in heaven over one sinner who repents
than over ninety-nine righteous people
who have no need of repentance.

“Or what woman having ten coins and losing one
would not light a lamp and sweep the house,
searching carefully until she finds it?
And when she does find it,
she calls together her friends and neighbors
and says to them,
‘Rejoice with me because I have found the coin that I lost.’
In just the same way, I tell you,
there will be rejoicing among the angels of God
over one sinner who repents.”

XXIII Domingo Ordinario – 8 De Septiembre 2019

Primera lectura 

Sab 9, 13-19

¿Quién es el hombre que puede conocer 
los designios de Dios?
¿Quién es el que puede saber lo que el Señor tiene dispuesto?
Los pensamientos de los mortales son inseguros
y sus razonamientos pueden equivocarse,
porque un cuerpo corruptible hace pesada el alma
y el barro de que estamos hechos entorpece el entendimiento.

Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra
y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance.
¿Quién podrá descubrir lo que hay en el cielo?
¿Quién conocerá tus designios, si tú no le das la sabiduría,
enviando tu santo espíritu desde lo alto?

Sólo con esa sabiduría
lograron los hombres enderezar sus caminos
y conocer lo que te agrada.
Sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor,
los que te agradaron desde el principio.


Salmo Responsorial

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R. (1) Tú, Señor, nuestro refugio.
Tú haces volver al polvo a los humanos, 
Diciendo a los mortales que retornen.
Mil años para ti son como un día 
que ya pasó; como una breve noche. 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.
Nuestra vida es tan breve como un sueño;
Semejante a la hierba,
que despunta y florece en la mañana
y por la tarde se marchita y se seca. 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.
Enséñanos a ver lo que es la vida
y seremos sensatos.
¿Hasta cuando, Señor, vas a tener
compasión de tus siervos? ¿Hasta cuando? 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.
Llénanos de tu amor por la mañana 
y júbilo será la vida toda.
Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos,
puedan mirar tus obras y tu gloria. 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.

Segunda lectura

Fmn 9-10. 12-17

Querido hermano: Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero por la causa de Cristo Jesús, quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo aquí, en la cárcel.

Te lo envío. Recíbelo como a mí mismo. Yo hubiera querido retenerlo conmigo, para que en tu lugar me atendiera, mientras estoy preso por la causa del Evangelio. Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que el favor que me haces no sea como por obligación, sino por tu propia voluntad.

Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que lo recuperaras para siempre, pero ya no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo. Él ya lo es para mí. ¡Cuánto más habrá de serlo para ti, no sólo por su calidad de hombre, sino de hermano en Cristo! Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo.


Aclamación antes del Evangelio

Sal 118, 135

R. Aleluya, aleluya.
Señor, mira benignamente a tus siervos
y enséñanos a cumplir tus mandamientos.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 14, 25-33

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.