Viernes Santa de la Pasión del Señor – 10 de abril 2020

Primera lectura

Is 52, 13–53, 12

He aquí que mi siervo prosperará,
será engrandecido y exaltado,
será puesto en alto.
Muchos se horrorizaron al verlo,
porque estaba desfigurado su semblante,
que no tenía ya aspecto de hombre;
pero muchos pueblos se llenaron de asombro.
Ante él los reyes cerrarán la boca,
porque verán lo que nunca se les había contado
y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.

¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado?
¿A quién se le revelará el poder del Señor?
Creció en su presencia como planta débil,
como una raíz en el desierto.
No tenía gracia ni belleza.
No vimos en él ningún aspecto atrayente;
despreciado y rechazado por los hombres,
varón de dolores, habituado al sufrimiento;
como uno del cual se aparta la mirada,
despreciado y desestimado.

Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso,
herido por Dios y humillado,
traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Él soportó el castigo que nos trae la paz.
Por sus llagas hemos sido curados.

Todos andábamos errantes como ovejas,
cada uno siguiendo su camino,
y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca,
como un cordero llevado a degollar;
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.

Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron.
¿Quién se preocupó de su suerte?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
lo hirieron de muerte por los pecados de mi pueblo,
le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su muerte,
aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.
Cuando entregue su vida como expiación,
verá a sus descendientes, prolongará sus años
y por medio de él prosperarán los designios del Señor.
Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará;
con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos,
cargando con los crímenes de ellos.

Por eso le daré una parte entre los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos,
ya que indefenso se entregó a la muerte
y fue contado entre los malhechores,
cuando tomó sobre sí las culpas de todos
e intercedió por los pecadores.


Salmo Responsorial

Salmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25

R. (Lc 23, 46) Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo:
que no quede yo nunca defraudado.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
y tú, mi Dios leal, me librarás.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Se burlan de mí mis enemigos,
mis vecinos y parientes de mí se espantan,
los que me ven pasar huyen de mí.
Estoy en el olvido, como un muerto,
Como un objeto tirado en la basura.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Pero yo, Señor, en ti confío.
Tú eres mi Dios,
y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo
y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón,
Ustedes, los que esperan en el Señor.
R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.


Segunda lectura

Heb 4, 14-16; 5, 7-9

Hermanos: Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo. Mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos, por lo tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.

Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.


Aclamación antes del Evangelio

Flp 2, 8-9

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio

Jn 18, 1–19, 42

En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.

Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscan?” Le contestaron: “A Jesús, el nazareno”. Les dijo Jesús: “Yo soy”. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar: “¿A quién buscan?” Ellos dijeron: “A Jesús, el nazareno”. Jesús contestó: “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’.

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?”

El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’.

Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?” Él dijo: “No lo soy”. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó: “Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”.

Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole: “¿Así contestas al sumo sacerdote?” Jesús le respondió: “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?” Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.

Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?” Él lo negó diciendo: “No lo soy”. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo: “¿Qué no te vi yo con él en el huerto?” Pedro volvió a negarlo y enseguida cantó un gallo.

Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua.

Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo: “¿De qué acusan a este hombre?” Le contestaron: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”. Pilato les dijo: “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”. Los judíos le respondieron: “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Pilato le dijo: “¿Y qué es la verdad?”

Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: “No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?” Pero todos ellos gritaron: “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!” (El tal Barrabás era un bandido).

Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le daban de bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo: “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa”. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: “Aquí está el hombre”. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Pilato les dijo: “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”.

Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: “¿De dónde eres tú?” Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?” Jesús le contestó: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.

Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser rey, es enemigo del César”. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: “Aquí tienen a su rey”. Ellos gritaron: “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “¿A su rey voy a crucificar?” Contestaron los sumos sacerdotes: “No tenemos más rey que el César”. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz se dirigió hacia el sitio llamado “la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Soy rey de los judíos’ ”. Pilato les contestó: “Lo escrito, escrito está”.

Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron: “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo se la llevó a vivir con él.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.

Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.

El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.

Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.

Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.

Fifth Sunday of Lent – Passion Sunday – March 29, 2020

Raising of Lazarus
Basilica of Sant Apollinaire, Ravenna

PASTORAL DESK

Greetings, to all and may the peace of Christ be with you.

It is the second week of Sundays that we haven’t gathered together as one in the Eucharist.  I hope and pray for each one of you to persevere in this challenging time and may you find solace in our faith. 

As a priest I am called to celebrate Mass each day and I do commit myself to that promise I made during my ordination.  Mass is a prayer that Christ has given to us to remember His sacrifice and to give praise and thanks, it was through the Eucharist that attracted me back to the Catholic faith. 

Last week I tried to stream the daily mass; each day however, the difficulty was uploading the mass into our website.  It was a daunting task just to upload stream of data, the other day it took six hours just to have the mass broadcast, and it was already late in the afternoon, actually almost evening.

Irene has been patient with me since both of us are learning and in the process of working in the media.  I find it interesting, but it is a time consuming process.

May you have a wonderful week considering we are all sheltered in, but I encourage you to pray the rosary. On our website there is a reflection about the pandemic using the rosary, as well as the daily prayer for the pandemic.

And most of all use the Word among Us, and Bishop Baron’s Lenten reflection and if you need to talk please call me at my cell phone 707 321 0528.

I found this poem which I find it consoling. May you find God’s whisper when fears and anxiety tend to overwhelm you.

Slow down, it’s COVID Time

This is the time to be slow,
Lie low to the wall
until the bitter weather passes.
Try, as best you can, not to let
The wire brush of doubt
Scrape from your heart

All sense of yourself
And your hesitant light.

If you remain generous,
Time will come good;
and you will find your feet
again on fresh pastures of promise,
where the air will be kind
and blushed with beginning.
(John O’Donohue)

Peace and Blessings!

Fr. Luis

Mass Intentions

Saturday March 28th 2020:  Richard & Priscilla Willson [good health] requested by Mark Van Doren

Sunday, March 29th 2020:  Bill & Josephine Powers† requested by Steve and Janine Powers

Click below for a PDF of the PASTORAL DESK:

READINGS FOR THE FIFTH SUNDAY IN LENT – PASSION SUNDAY – MARCH 29, 2020

Reading 1 EZ 37:12-14

Thus says the Lord GOD:
O my people, I will open your graves
and have you rise from them,
and bring you back to the land of Israel.
Then you shall know that I am the LORD,
when I open your graves and have you rise from them,
O my people!
I will put my spirit in you that you may live,
and I will settle you upon your land;
thus you shall know that I am the LORD.
I have promised, and I will do it, says the LORD.

Responsorial Psalm PS 130:1-2, 3-4, 5-6, 7-8.

R. (7) With the Lord there is mercy and fullness of redemption.
Out of the depths I cry to you, O LORD;
LORD, hear my voice!
Let your ears be attentive
to my voice in supplication.
R. With the Lord there is mercy and fullness of redemption.
If you, O LORD, mark iniquities,
LORD, who can stand?
But with you is forgiveness,
that you may be revered.
R. With the Lord there is mercy and fullness of redemption.
I trust in the LORD;
my soul trusts in his word.
More than sentinels wait for the dawn,
let Israel wait for the LORD.
R. With the Lord there is mercy and fullness of redemption.
For with the LORD is kindness
and with him is plenteous redemption;
And he will redeem Israel
from all their iniquities.
R. With the Lord there is mercy and fullness of redemption.

Reading 2 ROM 8:8-11

Brothers and sisters:
Those who are in the flesh cannot please God.
But you are not in the flesh;
on the contrary, you are in the spirit,
if only the Spirit of God dwells in you.
Whoever does not have the Spirit of Christ does not belong to him.
But if Christ is in you,
although the body is dead because of sin,
the spirit is alive because of righteousness.
If the Spirit of the one who raised Jesus from the dead dwells in you,
the one who raised Christ from the dead
will give life to your mortal bodies also,
through his Spirit dwelling in you.

Verse Before The Gospel JN 11:25A, 26

I am the resurrection and the life, says the Lord;
whoever believes in me, even if he dies, will never die.

Gospel JN 11:1-45

Giotto, Raising of Lazarus

Now a man was ill, Lazarus from Bethany,
the village of Mary and her sister Martha.
Mary was the one who had anointed the Lord with perfumed oil
and dried his feet with her hair;
it was her brother Lazarus who was ill.
 
So the sisters sent word to him saying,
“Master, the one you love is ill.”
hen Jesus heard this he said,
“This illness is not to end in death,
but is for the glory of God,
that the Son of God may be glorified through it.”
Now Jesus loved Martha and her sister and Lazarus.
So when he heard that he was ill,
he remained for two days in the place where he was.
Then after this he said to his disciples,
“Let us go back to Judea.”
The disciples said to him,
“Rabbi, the Jews were just trying to stone you,
and you want to go back there?”
Jesus answered,
“Are there not twelve hours in a day?
If one walks during the day, he does not stumble,
because he sees the light of this world.
But if one walks at night, he stumbles,
because the light is not in him.”
He said this, and then told them,
“Our friend Lazarus is asleep,
but I am going to awaken him.”
So the disciples said to him,
“Master, if he is asleep, he will be saved.”
But Jesus was talking about his death,
while they thought that he meant ordinary sleep.
So then Jesus said to them clearly,
“Lazarus has died.
And I am glad for you that I was not there,
that you may believe.
Let us go to him.”
So Thomas, called Didymus, said to his fellow disciples,
“Let us also go to die with him.”

When Jesus arrived, he found that Lazarus
had already been in the tomb for four days.
Now Bethany was near Jerusalem, only about two miles away.
And many of the Jews had come to Martha and Mary
to comfort them about their brother.
When Martha heard that Jesus was coming,
she went to meet him;
but Mary sat at home.
Martha said to Jesus,
“Lord, if you had been here,
my brother would not have died.
But even now I know that whatever you ask of God,
God will give you.”
Jesus said to her,
 
“Your brother will rise.”
Martha said to him,
“I know he will rise,
in the resurrection on the last day.”
Jesus told her,
“I am the resurrection and the life;
whoever believes in me, even if he dies, will live,
and everyone who lives and believes in me will never die.
Do you believe this?”
She said to him, “Yes, Lord.
I have come to believe that you are the Christ, the Son of God,
the one who is coming into the world.”

When she had said this,
she went and called her sister Mary secretly, saying,
“The teacher is here and is asking for you.”
As soon as she heard this,
she rose quickly and went to him.
For Jesus had not yet come into the village,
but was still where Martha had met him.
So when the Jews who were with her in the house comforting her
saw Mary get up quickly and go out,
they followed her,
presuming that she was going to the tomb to weep there.
When Mary came to where Jesus was and saw him,
she fell at his feet and said to him,
“Lord, if you had been here,
my brother would not have died.”
When Jesus saw her weeping and the Jews who had come with her weeping,
he became perturbed and deeply troubled, and said,
“Where have you laid him?”
They said to him, “Sir, come and see.”
And Jesus wept.
So the Jews said, “See how he loved him.”
But some of them said,
“Could not the one who opened the eyes of the blind man
have done something so that this man would not have died?”

So Jesus, perturbed again, came to the tomb.
It was a cave, and a stone lay across it.
Jesus said, “Take away the stone.”
Martha, the dead man’s sister, said to him,
“Lord, by now there will be a stench;
he has been dead for four days.”
Jesus said to her,
“Did I not tell you that if you believe
you will see the glory of God?”
So they took away the stone.
And Jesus raised his eyes and said,
 
“Father, I thank you for hearing me.
I know that you always hear me;
but because of the crowd here I have said this,
that they may believe that you sent me.”
And when he had said this,
He cried out in a loud voice,
“Lazarus, come out!”
The dead man came out,
tied hand and foot with burial bands,
and his face was wrapped in a cloth.
So Jesus said to them,
“Untie him and let him go.”

Now many of the Jews who had come to Mary
and seen what he had done began to believe in him.

Or
Jn 11:3-7, 17, 20-27, 33b-45

The sisters of Lazarus sent word to Jesus, saying,
“Master, the one you love is ill.”
When Jesus heard this he said,
“This illness is not to end in death,
but is for the glory of God,
that the Son of God may be glorified through it.”
Now Jesus loved Martha and her sister and Lazarus.
So when he heard that he was ill,
he remained for two days in the place where he was.
Then after this he said to his disciples,
+Let us go back to Judea.”

When Jesus arrived, he found that Lazarus
had already been in the tomb for four days.
When Martha heard that Jesus was coming,
she went to meet him;
but Mary sat at home.
Martha said to Jesus,
“Lord, if you had been here,
my brother would not have died.
But even now I know that whatever you ask of God,
God will give you.”
Jesus said to her,
Your brother will rise.”
Martha said,
“I know he will rise,
in the resurrection on the last day.”
Jesus told her,
“I am the resurrection and the life;
whoever believes in me, even if he dies, will live,
and everyone who lives and believes in me will never die.
Do you believe this?”
She said to him, “Yes, Lord.
I have come to believe that you are the Christ, the Son of God,
the one who is coming into the world.”

He became perturbed and deeply troubled, and said,
“Where have you laid him?”
They said to him, “Sir, come and see.”
And Jesus wept.
So the Jews said, “See how he loved him.”
But some of them said,
“Could not the one who opened the eyes of the blind man
have done something so that this man would not have died?”

So Jesus, perturbed again, came to the tomb.
It was a cave, and a stone lay across it.
Jesus said, “Take away the stone.”
Martha, the dead man’s sister, said to him,
“Lord, by now there will be a stench;
he has been dead for four days.”
Jesus said to her,
“Did I not tell you that if you believe
you will see the glory of God?”
So they took away the stone.
And Jesus raised his eyes and said,
“Father, I thank you for hearing me.
I know that you always hear me;
but because of the crowd here I have said this,
that they may believe that you sent me.”
And when he had said this,
He cried out in a loud voice,
“Lazarus, come out!”
The dead man came out,
tied hand and foot with burial bands,
and his face was wrapped in a cloth.
So Jesus said to them,
“Untie him and let him go.”

Now many of the Jews who had come to Mary
and seen what he had done began to believe in him.

Domingo de Ramos "De la pasión del Señor" – 5 De Abril 2020

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén
Procesión de las Palmas

Evangelio

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Giotto, Entry into Jerusalem
Scrovengi (Arena) Chapel, Padua
Mt 21, 1-11

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá”.

Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!”

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: “¿Quién es éste?” Y la gente respondía: “Éste es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”.

La Misa
 

Primera Lectura

Is 50, 4-7

En aquel entonces, dijo Isaías:
“El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia
ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado”.

Segunda Lectura

Flp 2, 6-11

Cristo, siendo Dios,
no consideró que debía aferrarse
a las prerrogativas de su condición divina,
sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de siervo,
y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla
en el cielo, en la tierra y en los abismos,
y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.

Aclamación antes del Evangelio

Flp 2, 8-9

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros
y por obediencia aceptó incluso la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas
y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Salmo Responsorial

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. (2a) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Todos los que me ven, de mí se burlan;
me hacen gestos y dicen:
“Confiaba en el Señor, pues que él lo salve;
si de veras lo ama, que lo libre”.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Los malvados me cercan por doquiera
como rabiosos perros.
Mis manos y mis pies han taladrado
y se puedan contar todos mis huesos.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Reparten entre sí mis vestiduras
y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayudarme,
no te quedes de mí tan alejado.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alábenlo;
glorificarlo, linaje de Jacob,
témelo, estirpe de Israel.
R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?


Evangelio

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Duccio, Betrayal of Jesus
Mt 26, 14–27, 66

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

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Duccio, Last Supper

Durante la cena, Jesús tomó un pan y, pronunciada la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen y coman. Éste es mi Cuerpo”. Luego tomó en sus manos una copa de vino y, pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo: “Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre”.

Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: “Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea”. Entonces Pedro le replicó: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Jesús le dijo: “Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces”. Pedro le replicó: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”. Y lo mismo dijeron todos los discípulos.

Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos: “Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá”. Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: “Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo”. Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar, diciendo: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú”.

Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: “¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil”. Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo: “Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”. Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban los discípulos y les dijo: “Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar”.

Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal: “Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo”. Al instante se acercó a Jesús y le dijo: “¡Buenas noches, Maestro!” Y lo besó. Jesús le dijo: “Amigo, ¿es esto a lo que has venido?” Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron.

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Duccio, Apostles Sleeping in the Garden of Gesthemane

Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús: “Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?” Enseguida dijo Jesús a aquella chusma: “¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas”. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.

Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron: “Éste dijo: ‘Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días’ ”. Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo: “¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?” Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo: “Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”. Jesús le respondió: “Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo”.

Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?” Ellos respondieron: “Es reo de muerte”. Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo golpeaban, diciendo: “Adivina quién es el que te ha pegado”.

Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo: “Tú también estabas con Jesús, el galileo”. Pero él lo negó ante todos, diciendo: “No sé de qué me estás hablando”. Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban ahí: “También ése andaba con Jesús, el nazareno”. Él de nuevo lo negó con juramento: “No conozco a ese hombre”. Poco después se acercaron a Pedro los que estaban ahí y le dijeron: “No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te delata”. Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: ‘Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces’. Y saliendo de ahí se soltó a llorar amargamente.

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Duccio, Arrest of Jesus

Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron.

Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: “Pequé, entregando la sangre de un inocente”. Ellos dijeron: “¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú”. Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se ahorcó.

Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron: “No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre”. Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepultar ahí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy “Campo de sangre”. Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor.

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Duccio, Jesus before Caiaphas

Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús respondió: “Tú lo has dicho”. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato: “¿No oyes todo lo que dicen contra ti?” Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos: “¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?” Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.

Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle: “No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa”.

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?” Ellos respondieron: “A Barrabás”. Pilato les dijo: “¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?” Respondieron todos: “Crucifícalo”. Pilato preguntó: “Pero, ¿qué mal ha hecho?” Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza: “¡Crucifícalo!” Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: “Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes”. Todo el pueblo respondió: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.

Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha y, arrodillándose ante él, se burlaban diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.

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Duccio, Mockery of Christ

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: ‘Éste es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’ ”. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Está llamando a Elías”.

Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: “Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban ahí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: “Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún en vida, dijo: ‘A los tres días resucitaré’. Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: ‘Resucitó de entre los muertos’, porque esta última impostura sería peor que la primera”. Pilato les dijo: “Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como ustedes quieran”. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron ahí la guardia.

O bien:
Mt 27, 11-54

Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús respondió: “Tú lo has dicho”. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato: “¿No oyes todo lo que dicen contra ti?” Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los ahí reunidos: “¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?” Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.

Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle: “No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa”.

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Duccio, Pilate

Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que les suelte?” Ellos respondieron: “A Barrabás”. Pilato les dijo: “¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?” Respondieron todos: “Crucifícalo”. Pilato preguntó: “Pero, ¿qué mal ha hecho?” Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza: “¡Crucifícalo!” Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: “Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes”. Todo el pueblo respondió: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.

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Duccio, Pilate Washes His Hands

Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha y, arrodillándose ante él, se burlaban diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le escupían.

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Duccio, Flagellation of Christ

Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar.

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Rembrandt, Judas Returns the 30 Pieces of Silver

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados ahí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: ‘Éste es Jesús, el rey de los judíos’. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Los que pasaban por ahí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole: “Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz”. También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo: “Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: ‘Soy el Hijo de Dios’ ”. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz: “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”, que quiere decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Algunos de los presentes, al oírlo, decían: “Está llamando a Elías”.

Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron: “Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo”. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

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Duccio, Crucifixion

Aquí todos se arrodillan y guardan silencio por unos instantes.

Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”.

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Duccio, Descent from the Cross
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Duccio, Entombment
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Giotto, Lamentation
Scravengi Chapel, Padua
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The Maestà, or Maestà of Duccio is an altarpiece composed of many individual paintings commissioned by the city of Siena in 1308 from the artist Duccio di Buoninsegna[1] and is his most famous work.[2] The front panels make up a large enthroned Madonna and Child with saints and angels, and a predella of the Childhood of Christ with prophets. The reverse has the rest of a combined cycle of the Life of the Virgin and the Life of Christ in a total of forty-three small scenes; several panels are now dispersed or lost. The base of the panel has an inscription that reads (in translation): “Holy Mother of God, be thou the cause of peace for Siena and life to Duccio because he painted thee thus.” [3] Though it took a generation for its effect truly to be felt, Duccio’s Maestà set Italian painting on a course leading away from the hieratic representations of Byzantine art towards more direct presentations of reality. Source: Wikipedia
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The Scrovengi Chapel, Padua
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Scrovengi Chapel Interior
Murals by Giotto

Pope Francis Prays for the World in a Statio Orbis (Message to the Whole World)

The message will be broadcast by Mondovision and streamed on the website of Vatican News (WWW.VATICANNEWS.VA) beginning at 6:00 PM in Rome, 10:00 A.M. (Pacific Time).

Bishop Vasa calls us to prayer with Pope Francis and the entire World for all those affected by the COVID-19 virus:

The Holy Father, at 10:00 AM Pacific Time, Friday, March 27, will address the entire world. This is an opportunity to offer spiritual solace and comfort to the many millions who suffer as a result of the COVID-19 virus. This suffering includes, in addition to the physical suffering of those
who have actually contracted the virus, the added suffering of isolation, fear, uncertainty, anxiety, depression and stress. These may lead to impatience, anger, harshness, hopelessness, rash judgment, and other sinfulness. Thus, we offer this opportunity to all of our people to hear from,
not only the local pastor or local Bishop but from the Holy Father himself.

Most Reverend Christoph Pierre, Apostolic Nuncio, has sent information that the Holy Seehas requested that all local Churches be informed that all members of the faithful and other Christians are invited to participate in the special prayer by the Holy Father which will take place in Saint Peter’s Square this FRIDAY, MARCH 27, 2020.

The Apostolic Nunciature notes that during this Statio orbis (Message to the whole world), Holy Father, Pope Francis will grant to all participants a Plenary Indulgence before imparting His Papal, Urbi et Orbi (City and World) Blessing. The message will be broadcast by Mondovision and streamed on the website of Vatican News (WWW.VATICANNEWS.VA) beginning at 6:00 PM in Rome, 10:00 A.M. (Pacific Time).

I ask that each of you help publicize this event by sending this information to all your email (Twitter, Facebook, and Instagram) contacts. To any members of any churches of any type, I invite you to join with Pope Francis in the moment of Universal Prayer. We know that Jesus was quite clear in His message: “Without Me you can do nothing” (John 15:5). While we utilize modern methods consistent with science and best medical practice, we also
turn to prayer to invoke the good and merciful God to look compassionately upon us in this time of worldwide pandemic. May God be with us all during these very difficult days.

Solemnity of the Annunciation of the Lord – March 25, 2020

Madonna by artist Gwyneth Thompson-Briggs who allowed use of this beautiful painting for our website. Click HERE for more information about this young sacred artist.

Solemnity of the Annunciation of the Lord
Lectionary: 545

Reading 1IS 7:10-14; 8:10

The LORD spoke to Ahaz, saying:
Ask for a sign from the LORD, your God;
let it be deep as the nether world, or high as the sky!
But Ahaz answered,
“I will not ask! I will not tempt the LORD!”
Then Isaiah said:
Listen, O house of David!
Is it not enough for you to weary people,
must you also weary my God?
Therefore the Lord himself will give you this sign:
the virgin shall be with child, and bear a son,
and shall name him Emmanuel,
which means “God is with us!”

Responsorial Psalm40:7-8A, 8B-9, 10, 11

R.    (8a and 9a)  Here I am, Lord; I come to do your will.
Sacrifice or oblation you wished not,
but ears open to obedience you gave me.
Holocausts or sin-offerings you sought not;
then said I, “Behold I come.”
R.    Here I am, Lord; I come to do your will.
“In the written scroll it is prescribed for me,
To do your will, O my God, is my delight,
and your law is within my heart!”
R.    Here I am, Lord; I come to do your will.
I announced your justice in the vast assembly;
I did not restrain my lips, as you, O LORD, know.
R.    Here I am, Lord; I come to do your will.
Your justice I kept not hid within my heart;
your faithfulness and your salvation I have spoken of;
I have made no secret of your kindness and your truth
in the vast assembly.
R.    Here I am, Lord; I come to do your will.

Reading 2HEB 10:4-10

Brothers and sisters:
It is impossible that the blood of bulls and goats
take away sins.
For this reason, when Christ came into the world, he said:

“Sacrifice and offering you did not desire,
but a body you prepared for me;
in holocausts and sin offerings you took no delight.
Then I said, ‘As is written of me in the scroll,
behold, I come to do your will, O God.’”

First he says, “Sacrifices and offerings,
holocausts and sin offerings,
you neither desired nor delighted in.”
These are offered according to the law.
Then he says, “Behold, I come to do your will.”
He takes away the first to establish the second.
By this “will,” we have been consecrated
through the offering of the Body of Jesus Christ once for all.

The Word of God became flesh and made his dwelling among us;
and we saw his glory.

GospelLK 1:26-38

The angel Gabriel was sent from God
to a town of Galilee called Nazareth,
to a virgin betrothed to a man named Joseph,
of the house of David,
and the virgin’s name was Mary.
And coming to her, he said,
“Hail, full of grace! The Lord is with you.”
But she was greatly troubled at what was said
and pondered what sort of greeting this might be.
Then the angel said to her,
“Do not be afraid, Mary,
for you have found favor with God.
Behold, you will conceive in your womb and bear a son,
and you shall name him Jesus.
He will be great and will be called Son of the Most High,
and the Lord God will give him the throne of David his father,
and he will rule over the house of Jacob forever,
and of his Kingdom there will be no end.”
But Mary said to the angel,
“How can this be,
since I have no relations with a man?”
And the angel said to her in reply,
“The Holy Spirit will come upon you,
and the power of the Most High will overshadow you.
Therefore the child to be born
will be called holy, the Son of God.
And behold, Elizabeth, your relative,
has also conceived a son in her old age,
and this is the sixth month for her who was called barren;
for nothing will be impossible for God.”
Mary said, “Behold, I am the handmaid of the Lord.
May it be done to me according to your word.”
Then the angel departed from her.

The angel Gabriel was sent from God
to a town of Galilee called Nazareth,
to a virgin betrothed to a man named Joseph,
of the house of David,
and the virgin’s name was Mary.
And coming to her, he said,
“Hail, full of grace! The Lord is with you.”
But she was greatly troubled at what was said
and pondered what sort of greeting this might be.
Then the angel said to her,
“Do not be afraid, Mary,
for you have found favor with God.
Behold, you will conceive in your womb and bear a son,
and you shall name him Jesus.
He will be great and will be called Son of the Most High,
and the Lord God will give him the throne of David his father,
and he will rule over the house of Jacob forever,
and of his Kingdom there will be no end.”
But Mary said to the angel,
“How can this be,
since I have no relations with a man?”
And the angel said to her in reply,
“The Holy Spirit will come upon you,
and the power of the Most High will overshadow you.
Therefore the child to be born
will be called holy, the Son of God.
And behold, Elizabeth, your relative,
has also conceived a son in her old age,
and this is the sixth month for her who was called barren;
for nothing will be impossible for God.”
Mary said, “Behold, I am the handmaid of the Lord.
May it be done to me according to your word.”
Then the angel departed from her.

Mass March 24, 2020

We are trying to improve our video quality. If you have a digital video camera we could borrow, we would greatly appreciate it.

Tuesday of the Fourth Week of Lent
Lectionary: 245

Reading 1EZ 47:1-9, 12

The angel brought me, Ezekiel,
back to the entrance of the temple of the LORD,
and I saw water flowing out
from beneath the threshold of the temple toward the east,
for the façade of the temple was toward the east;
the water flowed down from the right side of the temple,
south of the altar.
He led me outside by the north gate,
and around to the outer gate facing the east,
where I saw water trickling from the right side.
Then when he had walked off to the east
with a measuring cord in his hand,
he measured off a thousand cubits
and had me wade through the water,
which was ankle-deep.
He measured off another thousand
and once more had me wade through the water,
which was now knee-deep.
Again he measured off a thousand and had me wade;
the water was up to my waist.
Once more he measured off a thousand,
but there was now a river through which I could not wade;
for the water had risen so high it had become a river
that could not be crossed except by swimming.
He asked me, “Have you seen this, son of man?”
Then he brought me to the bank of the river, where he had me sit.
Along the bank of the river I saw very many trees on both sides.
He said to me,
“This water flows into the eastern district down upon the Arabah,
and empties into the sea, the salt waters, which it makes fresh.
Wherever the river flows,
every sort of living creature that can multiply shall live,
and there shall be abundant fish,
for wherever this water comes the sea shall be made fresh.
Along both banks of the river, fruit trees of every kind shall grow;
their leaves shall not fade, nor their fruit fail.
Every month they shall bear fresh fruit,
for they shall be watered by the flow from the sanctuary.
Their fruit shall serve for food, and their leaves for medicine.”

Responsorial Psalm46:2-3, 5-6, 8-9

R.    (8)  The Lord of hosts is with us; our stronghold is the God of Jacob.
God is our refuge and our strength,
an ever-present help in distress.
Therefore we fear not, though the earth be shaken
and mountains plunge into the depths of the sea.
R.    The Lord of hosts is with us; our stronghold is the God of Jacob.
There is a stream whose runlets gladden the city of God,
the holy dwelling of the Most High.
God is in its midst; it shall not be disturbed;
God will help it at the break of dawn.
R.    The Lord of hosts is with us; our stronghold is the God of Jacob.
The LORD of hosts is with us;
our stronghold is the God of Jacob.
Come! behold the deeds of the LORD,
the astounding things he has wrought on earth.
R.    The Lord of hosts is with us; our stronghold is the God of Jacob.

Verse Before The GospelPS 51:12A, 14A

A clean heart create for me, O God;
give me back the joy of your salvation.

GospelJN 5:1-16

There was a feast of the Jews, and Jesus went up to Jerusalem.
Now there is in Jerusalem at the Sheep Gate
a pool called in Hebrew Bethesda, with five porticoes.
In these lay a large number of ill, blind, lame, and crippled.
One man was there who had been ill for thirty-eight years.
When Jesus saw him lying there
and knew that he had been ill for a long time, he said to him,
“Do you want to be well?”
The sick man answered him,
“Sir, I have no one to put me into the pool
when the water is stirred up;
while I am on my way, someone else gets down there before me.”
Jesus said to him, “Rise, take up your mat, and walk.”
Immediately the man became well, took up his mat, and walked.

Now that day was a sabbath.
So the Jews said to the man who was cured,
“It is the sabbath, and it is not lawful for you to carry your mat.”
He answered them, “The man who made me well told me,
‘Take up your mat and walk.’“
They asked him,
“Who is the man who told you, ‘Take it up and walk’?”
The man who was healed did not know who it was,
for Jesus had slipped away, since there was a crowd there.
After this Jesus found him in the temple area and said to him,
“Look, you are well; do not sin any more,
so that nothing worse may happen to you.”
The man went and told the Jews
that Jesus was the one who had made him well.
Therefore, the Jews began to persecute Jesus
because he did this on a sabbath.

Decree from Robert Cardinal Sarah, Prefect of the Congregation for Divine Worship and the Discipline of the Sacraments, Divine Worship regarding Holy Week and Easter

Bishop Robert Vasa has shared a decree from Robert Cardinal Sarah, Prefect of Congregation for Divine Worship and the Discipline of the Sacraments, Divine Worship. Bishop Vasa commented in his letter to diocesan priests ” At this point we must continue to plan for, essentially, a cancellation of all Holy Week Services while praying that this may be avoided. As Easter draws nearer I am sure the Holy See and the USCCB will be offering additional guidance. I will pass these on as needed.”

We will publish future updates from Bishop Vasa as soon as we receive them. Let us draw together as a parish, closer to God in our Lenten prayers.

Fourth Sunday in Lent – March 22, 2020

Fourth Sunday of Lent
Lectionary: 31

Reading 11 SM 16:1B, 6-7, 10-13A

The LORD said to Samuel:
“Fill your horn with oil, and be on your way.
I am sending you to Jesse of Bethlehem,
for I have chosen my king from among his sons.”

As Jesse and his sons came to the sacrifice,
Samuel looked at Eliab and thought,
“Surely the LORD’s anointed is here before him.”
But the LORD said to Samuel:
“Do not judge from his appearance or from his lofty stature,
because I have rejected him.
Not as man sees does God see,
because man sees the appearance
but the LORD looks into the heart.”
In the same way Jesse presented seven sons before Samuel,
but Samuel said to Jesse,
“The LORD has not chosen any one of these.”
Then Samuel asked Jesse,
“Are these all the sons you have?”
Jesse replied,
“There is still the youngest, who is tending the sheep.”
Samuel said to Jesse,
“Send for him;
we will not begin the sacrificial banquet until he arrives here.”
Jesse sent and had the young man brought to them.
He was ruddy, a youth handsome to behold
and making a splendid appearance.
The LORD said,
“There—anoint him, for this is the one!”
Then Samuel, with the horn of oil in hand,
anointed David in the presence of his brothers;
and from that day on, the spirit of the LORD rushed upon David.

Responsorial PsalmPS 23: 1-3A, 3B-4, 5, 6.

R. (1)  The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
The LORD is my shepherd; I shall not want.
beside restful waters he leads me;
he refreshes my soul.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
He guides me in right paths
for his name’s sake.
Even though I walk in the dark valley
I fear no evil; for you are at my side
With your rod and your staff
that give me courage.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
You spread the table before me
in the sight of my foes;
you anoint my head with oil;
my cup overflows.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
Only goodness and kindness follow me
all the days of my life;
and I shall dwell in the house of the LORD
for years to come.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.

Reading 2EPH 5:8-14

Brothers and sisters:
You were once darkness,
but now you are light in the Lord.
Live as children of light,
for light produces every kind of goodness
and righteousness and truth.
Try to learn what is pleasing to the Lord.
Take no part in the fruitless works of darkness;
rather expose them, for it is shameful even to mention
the things done by them in secret;
but everything exposed by the light becomes visible,
for everything that becomes visible is light.
Therefore, it says:
 
“Awake, O sleeper,
and arise from the dead,
and Christ will give you light.”

Verse Before The GospelJN 8:12

I am the light of the world, says the Lord;
whoever follows me will have the light of life.

GospelJN 9:1-41

As Jesus passed by he saw a man blind from birth.
His disciples asked him,
“Rabbi, who sinned, this man or his parents,
that he was born blind?”
Jesus answered,
“Neither he nor his parents sinned;
it is so that the works of God might be made visible through him.
We have to do the works of the one who sent me while it is day.
Night is coming when no one can work.
While I am in the world, I am the light of the world.”
When he had said this, he spat on the ground
and made clay with the saliva,
and smeared the clay on his eyes,
and said to him,
“Go wash in the Pool of Siloam” —which means Sent—.
So he went and washed, and came back able to see.

His neighbors and those who had seen him earlier as a beggar said,
“Isn’t this the one who used to sit and beg?”
Some said, “It is, “
but others said, “No, he just looks like him.”
He said, “I am.”
So they said to him, “How were your eyes opened?”
He replied,
“The man called Jesus made clay and anointed my eyes
and told me, ‘Go to Siloam and wash.’
So I went there and washed and was able to see.”
And they said to him, “Where is he?”
 
He said, “I don’t know.”

They brought the one who was once blind to the Pharisees.
Now Jesus had made clay and opened his eyes on a sabbath.
So then the Pharisees also asked him how he was able to see.
He said to them,
“He put clay on my eyes, and I washed, and now I can see.”
So some of the Pharisees said,
“This man is not from God,
because he does not keep the sabbath.”
But others said,
“How can a sinful man do such signs?”
And there was a division among them.
So they said to the blind man again,
“What do you have to say about him,
since he opened your eyes?”
He said, “He is a prophet.”

Now the Jews did not believe
that he had been blind and gained his sight
until they summoned the parents of the one who had gained his sight.
They asked them,
“Is this your son, who you say was born blind?
How does he now see?”
His parents answered and said,
“We know that this is our son and that he was born blind.
We do not know how he sees now,
nor do we know who opened his eyes.
Ask him, he is of age;
he can speak for himself.”
His parents said this because they were afraid
of the Jews, for the Jews had already agreed
that if anyone acknowledged him as the Christ,
he would be expelled from the synagogue.
For this reason his parents said,
“He is of age; question him.”

So a second time they called the man who had been blind
and said to him, “Give God the praise!
We know that this man is a sinner.”
He replied,
“If he is a sinner, I do not know.
One thing I do know is that I was blind and now I see.”
So they said to him,
“What did he do to you?
How did he open your eyes?”
He answered them,
“I told you already and you did not listen.
Why do you want to hear it again?
 
Do you want to become his disciples, too?”
They ridiculed him and said,
“You are that man’s disciple;
we are disciples of Moses!
We know that God spoke to Moses,
but we do not know where this one is from.”
The man answered and said to them,
“This is what is so amazing,
that you do not know where he is from, yet he opened my eyes.
We know that God does not listen to sinners,
but if one is devout and does his will, he listens to him.
It is unheard of that anyone ever opened the eyes of a person born blind.
If this man were not from God,
he would not be able to do anything.”
They answered and said to him,
“You were born totally in sin,
and are you trying to teach us?”
Then they threw him out.

When Jesus heard that they had thrown him out,
he found him and said, “Do you believe in the Son of Man?”
He answered and said,
“Who is he, sir, that I may believe in him?”
Jesus said to him,
“You have seen him,
the one speaking with you is he.”
He said,
“I do believe, Lord,” and he worshiped him.
Then Jesus said,
“I came into this world for judgment,
so that those who do not see might see,
and those who do see might become blind.”

Some of the Pharisees who were with him heard this
and said to him, “Surely we are not also blind, are we?”
Jesus said to them,
“If you were blind, you would have no sin;
but now you are saying, ‘We see,’ so your sin remains.

or
Jn 9:1, 6-9, 13-17, 34-38

 
As Jesus passed by he saw a man blind from birth.
He spat on the ground and made clay with the saliva,
and smeared the clay on his eyes,
and said to him,
“Go wash in the Pool of Siloam” — which means Sent —.
So he went and washed, and came back able to see.

His neighbors and those who had seen him earlier as a beggar said,
“Isn’t this the one who used to sit and beg?”
Some said, “It is, “
but others said, “No, he just looks like him.”
He said, “I am.”

They brought the one who was once blind to the Pharisees.
Now Jesus had made clay and opened his eyes on a sabbath.
So then the Pharisees also asked him how he was able to see.
He said to them,
“He put clay on my eyes, and I washed, and now I can see.”
So some of the Pharisees said,
“This man is not from God,
because he does not keep the sabbath.”
But others said,
“How can a sinful man do such signs?”
And there was a division among them.
So they said to the blind man again,
“What do you have to say about him,
since he opened your eyes?”
He said, “He is a prophet.”

They answered and said to him,
“You were born totally in sin,
and are you trying to teach us?”
Then they threw him out.

When Jesus heard that they had thrown him out,
he found him and said, “Do you believe in the Son of Man?”
He answered and said,
“Who is he, sir, that I may believe in him?”
Jesus said to him,
“You have seen him, and
the one speaking with you is he.”
He said,
“I do believe, Lord,” and he worshiped him.

IV Domingo de Cuaresma – March 22, 2020

Duccio, Jesus Healing the Blind Man
National Gallery, London

Primera lectura

1 Sm 16, 1b. 6-7. 10-13a

En aquellos días, dijo el Señor a Samuel: “Ve a la casa de Jesé, en Belén, porque de entre sus hijos me he escogido un rey. Llena, pues, tu cuerno de aceite para ungirlo y vete”.

Cuando llegó Samuel a Belén y vio a Eliab, el hijo mayor de Jesé, pensó: “Éste es, sin duda, el que voy a ungir como rey”. Pero el Señor le dijo: “No te dejes impresionar por su aspecto ni por su gran estatura, pues yo lo he descartado, porque yo no juzgo como juzga el hombre. El hombre se fija en las apariencias, pero el Señor se fija en los corazones”.

Así fueron pasando ante Samuel siete de los hijos de Jesé; pero Samuel dijo: “Ninguno de éstos es el elegido del Señor”. Luego le preguntó a Jesé: “¿Son éstos todos tus hijos?” Él respondió: “Falta el más pequeño, que está cuidando el rebaño”. Samuel le dijo: “Hazlo venir, porque no nos sentaremos a comer hasta que llegue”. Y Jesé lo mandó llamar.

El muchacho era rubio, de ojos vivos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es”. Tomó Samuel el cuerno con el aceite y lo ungió delante de sus hermanos. A partir de aquel día, el espíritu del Señor estuvo con David.


Salmo Responsorial

Salmo 22, 1-3a, 3b-4. 5. 6

R. (1) El Señor es mi pastor, nade me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
R. El Señor es mi pastor, nade me faltará.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. El Señor es mi pastor, nade me faltará.
Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.
R. El Señor es mi pastor, nade me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.
R. El Señor es mi pastor, nade me faltará.


Segunda lectura

Ef 5, 8-14

Hermanos: En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz. Los frutos de la luz son la bondad, la santidad y la verdad. Busquen lo que es agradable al Señor y no tomen parte en las obras estériles de los que son tinieblas.

Al contrario, repruébenlas abiertamente; porque, si bien las cosas que ellos hacen en secreto da vergüenza aun mencionarlas, al ser reprobadas abiertamente, todo queda en claro, porque todo lo que es iluminado por la luz se convierte en luz.

Por eso se dice: Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz.


Aclamación antes del Evangelio

Jn 8, 12b

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


Evangelio

Jn 9, 1-41

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?” Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo”.

Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.

Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”. Y le preguntaban: “Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?” Él les respondió: “El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces fui, me lavé y comencé a ver”. Le preguntaron: “¿En dónde está él?” Les contestó: “No lo sé”.

Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”.

Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron: “¿Es éste su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?” Sus padres contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí mismo”. Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’.

Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: “Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador”. Contestó él: “Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” Les contestó: “Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?” Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: “Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene”.

Replicó aquel hombre: “Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.

Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

Entonces le dijo Jesús: “Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos”. Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: “¿Entonces también nosotros estamos ciegos?” Jesús les contestó: “Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado”.


O bien:
Jn 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento. Escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: “Ve a lavarte en la piscina de Siloé” (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.

Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: “¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?” Unos decían: “Es el mismo”. Otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Yo soy”.

Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: “Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo”. Algunos de los fariseos comentaban: “Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado”. Otros replicaban: “¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?” Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: “Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?” Él les contestó: “Que es un profeta”. Le replicaron: “Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?” Y lo echaron fuera.

Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Él contestó: “¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?” Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. Él dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró.

Laetare Sunday – March 22, 2020

Duccio, The Healing of the Blind Man
National Gallery, London

Reading 11 SM 16:1B, 6-7, 10-13A

The LORD said to Samuel:
“Fill your horn with oil, and be on your way.
I am sending you to Jesse of Bethlehem,
for I have chosen my king from among his sons.”

As Jesse and his sons came to the sacrifice,
Samuel looked at Eliab and thought,
“Surely the LORD’s anointed is here before him.”
But the LORD said to Samuel:
“Do not judge from his appearance or from his lofty stature,
because I have rejected him.
Not as man sees does God see,
because man sees the appearance
but the LORD looks into the heart.”
In the same way Jesse presented seven sons before Samuel,
but Samuel said to Jesse,
“The LORD has not chosen any one of these.”
Then Samuel asked Jesse,
“Are these all the sons you have?”
Jesse replied,
“There is still the youngest, who is tending the sheep.”
Samuel said to Jesse,
“Send for him;
we will not begin the sacrificial banquet until he arrives here.”
Jesse sent and had the young man brought to them.
He was ruddy, a youth handsome to behold
and making a splendid appearance.
The LORD said,
“There—anoint him, for this is the one!”
Then Samuel, with the horn of oil in hand,
anointed David in the presence of his brothers;
and from that day on, the spirit of the LORD rushed upon David.

Responsorial PsalmPS 23: 1-3A, 3B-4, 5, 6.

R. (1)  The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
The LORD is my shepherd; I shall not want.
 
In verdant pastures he gives me repose;
beside restful waters he leads me;
he refreshes my soul.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
He guides me in right paths
for his name’s sake.
Even though I walk in the dark valley
I fear no evil; for you are at my side
With your rod and your staff
that give me courage.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
You spread the table before me
in the sight of my foes;
you anoint my head with oil;
my cup overflows.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.
Only goodness and kindness follow me
all the days of my life;
and I shall dwell in the house of the LORD
for years to come.
R. The Lord is my shepherd; there is nothing I shall want.

Reading 2EPH 5:8-14

Brothers and sisters:
You were once darkness,
but now you are light in the Lord.
Live as children of light,
for light produces every kind of goodness
and righteousness and truth.
Try to learn what is pleasing to the Lord.
Take no part in the fruitless works of darkness;
rather expose them, for it is shameful even to mention
the things done by them in secret;
but everything exposed by the light becomes visible,
for everything that becomes visible is light.
Therefore, it says:
 
“Awake, O sleeper,
and arise from the dead,
and Christ will give you light.”

Verse Before The GospelJN 8:12

I am the light of the world, says the Lord;
whoever follows me will have the light of life.

GospelJN 9:1-41

As Jesus passed by he saw a man blind from birth.
His disciples asked him,
“Rabbi, who sinned, this man or his parents,
that he was born blind?”
Jesus answered,
“Neither he nor his parents sinned;
it is so that the works of God might be made visible through him.
We have to do the works of the one who sent me while it is day.
Night is coming when no one can work.
While I am in the world, I am the light of the world.”
When he had said this, he spat on the ground
and made clay with the saliva,
and smeared the clay on his eyes,
and said to him,
“Go wash in the Pool of Siloam” —which means Sent—.
So he went and washed, and came back able to see.

His neighbors and those who had seen him earlier as a beggar said,
“Isn’t this the one who used to sit and beg?”
Some said, “It is, “
but others said, “No, he just looks like him.”
He said, “I am.”
So they said to him, “How were your eyes opened?”
He replied,
“The man called Jesus made clay and anointed my eyes
and told me, ‘Go to Siloam and wash.’
So I went there and washed and was able to see.”
And they said to him, “Where is he?”
 
He said, “I don’t know.”

They brought the one who was once blind to the Pharisees.
Now Jesus had made clay and opened his eyes on a sabbath.
So then the Pharisees also asked him how he was able to see.
He said to them,
“He put clay on my eyes, and I washed, and now I can see.”
So some of the Pharisees said,
“This man is not from God,
because he does not keep the sabbath.”
But others said,
“How can a sinful man do such signs?”
And there was a division among them.
So they said to the blind man again,
“What do you have to say about him,
since he opened your eyes?”
He said, “He is a prophet.”

Now the Jews did not believe
that he had been blind and gained his sight
until they summoned the parents of the one who had gained his sight.
They asked them,
“Is this your son, who you say was born blind?
How does he now see?”
His parents answered and said,
“We know that this is our son and that he was born blind.
We do not know how he sees now,
nor do we know who opened his eyes.
Ask him, he is of age;
he can speak for himself.”
His parents said this because they were afraid
of the Jews, for the Jews had already agreed
that if anyone acknowledged him as the Christ,
he would be expelled from the synagogue.
For this reason his parents said,
“He is of age; question him.”

So a second time they called the man who had been blind
and said to him, “Give God the praise!
We know that this man is a sinner.”
He replied,
“If he is a sinner, I do not know.
One thing I do know is that I was blind and now I see.”
So they said to him,
“What did he do to you?
How did he open your eyes?”
He answered them,
“I told you already and you did not listen.
Why do you want to hear it again?
 
Do you want to become his disciples, too?”
They ridiculed him and said,
“You are that man’s disciple;
we are disciples of Moses!
We know that God spoke to Moses,
but we do not know where this one is from.”
The man answered and said to them,
“This is what is so amazing,
that you do not know where he is from, yet he opened my eyes.
We know that God does not listen to sinners,
but if one is devout and does his will, he listens to him.
It is unheard of that anyone ever opened the eyes of a person born blind.
If this man were not from God,
he would not be able to do anything.”
They answered and said to him,
“You were born totally in sin,
and are you trying to teach us?”
Then they threw him out.

When Jesus heard that they had thrown him out,
he found him and said, ADo you believe in the Son of Man?”
He answered and said,
“Who is he, sir, that I may believe in him?”
Jesus said to him,
“You have seen him,
the one speaking with you is he.”
He said,
“I do believe, Lord,” and he worshiped him.
Then Jesus said,
“I came into this world for judgment,
so that those who do not see might see,
and those who do see might become blind.”

Some of the Pharisees who were with him heard this
and said to him, “Surely we are not also blind, are we?”
Jesus said to them,
“If you were blind, you would have no sin;
but now you are saying, ‘We see,’ so your sin remains.

or
Jn 9:1, 6-9, 13-17, 34-38

 
As Jesus passed by he saw a man blind from birth.
He spat on the ground and made clay with the saliva,
and smeared the clay on his eyes,
and said to him,
“Go wash in the Pool of Siloam” — which means Sent —.
So he went and washed, and came back able to see.

His neighbors and those who had seen him earlier as a beggar said,
“Isn’t this the one who used to sit and beg?”
Some said, “It is, “
but others said, “No, he just looks like him.”
He said, “I am.”

They brought the one who was once blind to the Pharisees.
Now Jesus had made clay and opened his eyes on a sabbath.
So then the Pharisees also asked him how he was able to see.
He said to them,
“He put clay on my eyes, and I washed, and now I can see.”
So some of the Pharisees said,
“This man is not from God,
because he does not keep the sabbath.”
But others said,
“How can a sinful man do such signs?”
And there was a division among them.
So they said to the blind man again,
“What do you have to say about him,
since he opened your eyes?”
He said, “He is a prophet.”

They answered and said to him,
“You were born totally in sin,
and are you trying to teach us?”
Then they threw him out.

When Jesus heard that they had thrown him out,
he found him and said, “Do you believe in the Son of Man?”
He answered and said,
“Who is he, sir, that I may believe in him?”
Jesus said to him,
“You have seen him, and
the one speaking with you is he.”
He said,
“I do believe, Lord,” and he worshiped him.