XXIV Domingo Ordinario – 15 De Septiembre 2019

Primera lectura 

Ex 32, 7-11. 13-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés: “Anda, baja del monte, porque tu pueblo, el que sacaste de Egipto, se ha pervertido. No tardaron en desviarse del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se han postrado ante él y le han ofrecido sacrificios y le han dicho: ‘Éste es tu Dios, Israel; es el que te sacó de Egipto’ “.

El Señor le dijo también a Moisés: “Veo que éste es un pueblo de cabeza dura. Deja que mi ira se encienda contra ellos hasta consumirlos. De ti, en cambio, haré un gran pueblo”.

Moisés trató de aplacar al Señor, su Dios, diciéndole: “¿Por qué ha de encenderse tu ira, Señor, contra este pueblo que tú sacaste de Egipto con gran poder y vigorosa mano? Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, siervos tuyos, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: ‘Multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y les daré en posesión perpetua toda la tierra que les he prometido’ “.

Y el Señor renunció al castigo con que había amenazado a su pueblo.


Salmo Responsorial

Salmo 50, 3-4. 12-13. 17 y 19

R. (Lc 15, 18) Me levantaré y volveré a mi padre.
Por tu inmensa compasión y misericordia, 
Señor, apiádate de mí olvida mis ofensas. 
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados. 
R. Me levantaré y volveré a mi padre.
Crea en mí, Señor, un corazón puro, 
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.. 
R. Me levantaré y volveré a mi padre.
Señor, abre mis labios
y cantará mi boca tu alabanza.
Un corazón contrito te presento
y a un corazón contrito, tú nunca lo desprecias. 
R. Me levantaré y volveré a mi padre.

Segunda lectura

1 Tm 1, 12-17

Querido hermano: Doy gracias a aquel que me ha fortalecido, a nuestro Señor Jesucristo, por haberme considerado digno de confianza al ponerme a su servicio, a mí, que antes fui blasfemo y perseguí a la Iglesia con violencia; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque en mi incredulidad obré por ignorancia y la gracia de nuestro Señor se desbordó sobre mí al darme la fe y el amor que provienen de Cristo Jesús.

Puedes fiarte de lo que voy a decirte y aceptarlo sin reservas: que Cristo Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero Cristo Jesús me perdonó, para que fuera yo el primero en quien él manifestara toda su generosidad y sirviera yo de ejemplo a los que habrían de creer en él, para obtener la vida eterna.

Al rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Aclamación antes del Evangelio

2 Cor 5, 19

R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 15, 1-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.

También les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte que me toca de la herencia’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a pasar necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.

Se puso entonces a reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a sus criados: ‘¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’. Y empezó el banquete.

El hijo mayor estaba en el campo, y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: ‘Tu hermano ha regresado, y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo’. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado’ “.

O bien:

Lc 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Éste recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.

24th Sunday in Ordinary Time – Sept. 15, 2019

Reading 1EX 32:7-11, 13-14

The LORD said to Moses,
“Go down at once to your people,
whom you brought out of the land of Egypt,
for they have become depraved. 
They have soon turned aside from the way I pointed out to them,
making for themselves a molten calf and worshiping it,
sacrificing to it and crying out,
‘This is your God, O Israel,
who brought you out of the land of Egypt!’
“I see how stiff-necked this people is, ” continued the LORD to Moses.
Let me alone, then,
that my wrath may blaze up against them to consume them. 
Then I will make of you a great nation.”

But Moses implored the LORD, his God, saying,
“Why, O LORD, should your wrath blaze up against your own people,
whom you brought out of the land of Egypt
with such great power and with so strong a hand? 
Remember your servants Abraham, Isaac, and Israel,
and how you swore to them by your own self, saying,
‘I will make your descendants as numerous as the stars in the sky;
and all this land that I promised,
I will give your descendants as their perpetual heritage.'” 
So the LORD relented in the punishment
he had threatened to inflict on his people.

Responsorial PsalmPS 51:3-4, 12-13, 17, 19

R. (Lk 15:18)  I will rise and go to my father.
Have mercy on me, O God, in your goodness;
in the greatness of your compassion wipe out my offense.
Thoroughly wash me from my guilt
and of my sin cleanse me.
R. I will rise and go to my father.
A clean heart create for me, O God,
and a steadfast spirit renew within me.
Cast me not out from your presence,
and your Holy Spirit take not from me.
R. I will rise and go to my father.
O Lord, open my lips,
and my mouth shall proclaim your praise.
My sacrifice, O God, is a contrite spirit;
a heart contrite and humbled, O God, you will not spurn.
R. I will rise and go to my father.

Reading 21 TM 1:12-17

Beloved:
I am grateful to him who has strengthened me, Christ Jesus our Lord,
because he considered me trustworthy
in appointing me to the ministry. 
I was once a blasphemer and a persecutor and arrogant,
but I have been mercifully treated
because I acted out of ignorance in my unbelief. 
Indeed, the grace of our Lord has been abundant,
along with the faith and love that are in Christ Jesus. 
This saying is trustworthy and deserves full acceptance:
Christ Jesus came into the world to save sinners. 
Of these I am the foremost. 
But for that reason I was mercifully treated,
so that in me, as the foremost,
Christ Jesus might display all his patience as an example
for those who would come to believe in him for everlasting life. 
To the king of ages, incorruptible, invisible, the only God,
honor and glory forever and ever.  Amen.

Alleluia2 COR 5:19

R. Alleluia, alleluia.
God was reconciling the world to himself in Christ
and entrusting to us the message of reconciliation.
R. Alleluia, alleluia.

Gospel LK 15:1-32

Tax collectors and sinners were all drawing near to listen to Jesus,
but the Pharisees and scribes began to complain, saying,
“This man welcomes sinners and eats with them.” 
So to them he addressed this parable.
“What man among you having a hundred sheep and losing one of them
would not leave the ninety-nine in the desert
and go after the lost one until he finds it?
And when he does find it,
he sets it on his shoulders with great joy
and, upon his arrival home,
he calls together his friends and neighbors and says to them,
‘Rejoice with me because I have found my lost sheep.’
I tell you, in just the same way
there will be more joy in heaven over one sinner who repents
than over ninety-nine righteous people
who have no need of repentance.

“Or what woman having ten coins and losing one
would not light a lamp and sweep the house,
searching carefully until she finds it?
And when she does find it,
she calls together her friends and neighbors
and says to them,
‘Rejoice with me because I have found the coin that I lost.’
In just the same way, I tell you,
there will be rejoicing among the angels of God
over one sinner who repents.”

Then he said, 
“A man had two sons, and the younger son said to his father,
‘Father give me the share of your estate that should come to me.’
So the father divided the property between them. 
After a few days, the younger son collected all his belongings
and set off to a distant country
where he squandered his inheritance on a life of dissipation. 
When he had freely spent everything,
a severe famine struck that country,
and he found himself in dire need. 
So he hired himself out to one of the local citizens
who sent him to his farm to tend the swine. 
And he longed to eat his fill of the pods on which the swine fed,
but nobody gave him any.
Coming to his senses he thought,
‘How many of my father’s hired workers
have more than enough food to eat,
but here am I, dying from hunger. 
I shall get up and go to my father and I shall say to him,
“Father, I have sinned against heaven and against you. 
I no longer deserve to be called your son;
treat me as you would treat one of your hired workers.”’
So he got up and went back to his father. 
While he was still a long way off,
his father caught sight of him,
and was filled with compassion. 
He ran to his son, embraced him and kissed him. 
His son said to him,
‘Father, I have sinned against heaven and against you;
I no longer deserve to be called your son.’
But his father ordered his servants,
‘Quickly bring the finest robe and put it on him;
put a ring on his finger and sandals on his feet. 
Take the fattened calf and slaughter it. 
Then let us celebrate with a feast,
because this son of mine was dead, and has come to life again;
he was lost, and has been found.’
Then the celebration began. 
Now the older son had been out in the field
and, on his way back, as he neared the house,
he heard the sound of music and dancing. 
He called one of the servants and asked what this might mean. 
The servant said to him,
‘Your brother has returned
and your father has slaughtered the fattened calf
because he has him back safe and sound.’
He became angry,
and when he refused to enter the house,
his father came out and pleaded with him. 
He said to his father in reply,
‘Look, all these years I served you
and not once did I disobey your orders;
yet you never gave me even a young goat to feast on with my friends. But when your son returns,
who swallowed up your property with prostitutes,
for him you slaughter the fattened calf.’
He said to him,
‘My son, you are here with me always;
everything I have is yours. 
But now we must celebrate and rejoice,
because your brother was dead and has come to life again;
he was lost and has been found.’”

OrLK 15:1-10

Tax collectors and sinners were all drawing near to listen to Jesus,
but the Pharisees and scribes began to complain, saying,
“This man welcomes sinners and eats with them.” 
So to them he addressed this parable.
“What man among you having a hundred sheep and losing one of them
would not leave the ninety-nine in the desert
and go after the lost one until he finds it?
And when he does find it,
he sets it on his shoulders with great joy
and, upon his arrival home,
he calls together his friends and neighbors and says to them,
‘Rejoice with me because I have found my lost sheep.’
I tell you, in just the same way
there will be more joy in heaven over one sinner who repents
than over ninety-nine righteous people
who have no need of repentance.

“Or what woman having ten coins and losing one
would not light a lamp and sweep the house,
searching carefully until she finds it?
And when she does find it,
she calls together her friends and neighbors
and says to them,
‘Rejoice with me because I have found the coin that I lost.’
In just the same way, I tell you,
there will be rejoicing among the angels of God
over one sinner who repents.”

XXIII Domingo Ordinario – 8 De Septiembre 2019

Primera lectura 

Sab 9, 13-19

¿Quién es el hombre que puede conocer 
los designios de Dios?
¿Quién es el que puede saber lo que el Señor tiene dispuesto?
Los pensamientos de los mortales son inseguros
y sus razonamientos pueden equivocarse,
porque un cuerpo corruptible hace pesada el alma
y el barro de que estamos hechos entorpece el entendimiento.

Con dificultad conocemos lo que hay sobre la tierra
y a duras penas encontramos lo que está a nuestro alcance.
¿Quién podrá descubrir lo que hay en el cielo?
¿Quién conocerá tus designios, si tú no le das la sabiduría,
enviando tu santo espíritu desde lo alto?

Sólo con esa sabiduría
lograron los hombres enderezar sus caminos
y conocer lo que te agrada.
Sólo con esa sabiduría se salvaron, Señor,
los que te agradaron desde el principio.


Salmo Responsorial

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R. (1) Tú, Señor, nuestro refugio.
Tú haces volver al polvo a los humanos, 
Diciendo a los mortales que retornen.
Mil años para ti son como un día 
que ya pasó; como una breve noche. 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.
Nuestra vida es tan breve como un sueño;
Semejante a la hierba,
que despunta y florece en la mañana
y por la tarde se marchita y se seca. 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.
Enséñanos a ver lo que es la vida
y seremos sensatos.
¿Hasta cuando, Señor, vas a tener
compasión de tus siervos? ¿Hasta cuando? 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.
Llénanos de tu amor por la mañana 
y júbilo será la vida toda.
Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos,
puedan mirar tus obras y tu gloria. 
R. Tú, Señor, nuestro refugio.

Segunda lectura

Fmn 9-10. 12-17

Querido hermano: Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero por la causa de Cristo Jesús, quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo aquí, en la cárcel.

Te lo envío. Recíbelo como a mí mismo. Yo hubiera querido retenerlo conmigo, para que en tu lugar me atendiera, mientras estoy preso por la causa del Evangelio. Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que el favor que me haces no sea como por obligación, sino por tu propia voluntad.

Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que lo recuperaras para siempre, pero ya no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo. Él ya lo es para mí. ¡Cuánto más habrá de serlo para ti, no sólo por su calidad de hombre, sino de hermano en Cristo! Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo.


Aclamación antes del Evangelio

Sal 118, 135

R. Aleluya, aleluya.
Señor, mira benignamente a tus siervos
y enséñanos a cumplir tus mandamientos.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 14, 25-33

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar’.

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

Twenty-third Sunday in Ordinary Time – Sept. 8, 2019


Reading 1WIS 9:13-18B

 Who can know God’s counsel,
 or who can conceive what the LORD intends?
 For the deliberations of mortals are timid,
 and unsure are our plans.
 For the corruptible body burdens the soul
 and the earthen shelter weighs down the mind that has many concerns.
 And scarce do we guess the things on earth,
 and what is within our grasp we find with difficulty;
 but when things are in heaven, who can search them out?
 Or who ever knew your counsel, except you had given wisdom
 and sent your holy spirit from on high?
 And thus were the paths of those on earth made straight.

Responsorial PsalmPS 90:3-4, 5-6, 12-13, 14 AND 17

R. (1) In every age, O Lord, you have been our refuge.
You turn man back to dust,
saying, “Return, O children of men.”
For a thousand years in your sight
 are as yesterday, now that it is past,
or as a watch of the night.
R. In every age, O Lord, you have been our refuge.
You make an end of them in their sleep;
 the next morning they are like the changing grass,
Which at dawn springs up anew,
 but by evening wilts and fades.
R. In every age, O Lord, you have been our refuge.
Teach us to number our days aright,
 that we may gain wisdom of heart.
Return, O LORD! How long?
Have pity on your servants!R. In every age, O Lord, you have been our refuge.
Fill us at daybreak with your kindness,
 that we may shout for joy and gladness all our days.
And may the gracious care of the LORD our God be ours;
 prosper the work of our hands for us!
Prosper the work of our hands!
R. In every age, O Lord, you have been our refuge.

Reading 2PHMN 9-10, 12-17

I, Paul, an old man,
and now also a prisoner for Christ Jesus,
urge you on behalf of my child Onesimus,
whose father I have become in my imprisonment;
I am sending him, that is, my own heart, back to you.
I should have liked to retain him for myself,
so that he might serve me on your behalf
in my imprisonment for the gospel,
but I did not want to do anything without your consent,
so that the good you do might not be forced but voluntary.
Perhaps this is why he was away from you for a while,
that you might have him back forever,
no longer as a slave
but more than a slave, a brother,
beloved especially to me, but even more so to you,
as a man and in the Lord. 
So if you regard me as a partner, welcome him as you would me.

AlleluiaPS 119:135

R. Alleluia, alleluia.
Let your face shine upon your servant;
and teach me your laws.
R. Alleluia, alleluia.

GospelLK 14:25-33

Great crowds were traveling with Jesus,
and he turned and addressed them,
“If anyone comes to me without hating his father and mother,
wife and children, brothers and sisters,
and even his own life,
he cannot be my disciple.
Whoever does not carry his own cross and come after me
cannot be my disciple.
Which of you wishing to construct a tower
does not first sit down and calculate the cost
to see if there is enough for its completion? 
Otherwise, after laying the foundation
and finding himself unable to finish the work
the onlookers should laugh at him and say,
‘This one began to build but did not have the resources to finish.’
Or what king marching into battle would not first sit down
and decide whether with ten thousand troops
he can successfully oppose another king
advancing upon him with twenty thousand troops? 
But if not, while he is still far away,
he will send a delegation to ask for peace terms. 
In the same way,
anyone of you who does not renounce all his possessions
cannot be my disciple.”

XXII Domingo Ordinario – 1 De Septiembre, 2019

Primera lectura 

Eclesiástico (Sirácide) 3, 17-18. 20. 28-29

Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad
y te amarán más que al hombre dadivoso.
Hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas
y hallarás gracia ante el Señor,
porque sólo él es poderoso
y sólo los humildes le dan gloria.

No hay remedio para el hombre orgulloso,
porque ya está arraigado en la maldad.
El hombre prudente medita en su corazón
las sentencias de los otros,
y su gran anhelo es saber escuchar.


Salmo Responsorial

Salmo 67, 4-5ac. 6-7ab. 10-11

R. (cf. 11b) Dios da libertad y riqueza a los cautivos.
Ante el Señor, su Dios, 
gocen los justos, salten de alegría. 
Entonen alabanzas a su nombre. 
En honor del Señor toquen la cítara.  
R. Dios da libertad y riqueza a los cautivos.
Porque el Señor, desde su templo santo, 
a huérfanos y viudas da su auxilio: 
él fue quien dio a los desvalidos casa,
libertad y riqueza a los cautivos. 
R. Dios da libertad y riqueza a los cautivos.
A tu pueblo extenuado diste fuerzas, 
nos colmaste, Señor, de tus favores
y habitó tu rebaño en esta tierra,
que tu amor preparó para los pobres. 
R. Dios da libertad y riqueza a los cautivos.

Segunda lectura

Heb 12, 18-19. 22-24a

Hermanos: Cuando ustedes se acercaron a Dios, no encontraron nada material, como en el Sinaí: ni fuego ardiente, ni obscuridad, ni tinieblas, ni huracán, ni estruendo de trompetas, ni palabras pronunciadas por aquella voz que los israelitas no querían volver a oír nunca.

Ustedes, en cambio, se han acercado a Sión, el monte y la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a la reunión festiva de miles y miles de ángeles, a la asamblea de los primogénitos, cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el juez de todos los hombres, y a los espíritus de los justos que alcanzaron la perfección. Se han acercado a Jesús, el mediador de la nueva alianza.


Aclamación antes del Evangelio

Mt 11, 29ab

R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor,
y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 14, 1. 7-14

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Mirando cómo los convidados escogían los primeros lugares, les dijo esta parábola:

“Cuando te inviten a un banquete de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que haya algún otro invitado más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga a decirte: ‘Déjale el lugar a éste’, y tengas que ir a ocupar, lleno de vergüenza, el último asiento. Por el contrario, cuando te inviten, ocupa el último lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate a la cabecera’. Entonces te verás honrado en presencia de todos los convidados. Porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”.

Luego dijo al que lo había invitado: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos”.

Twenty -second Sunday in Ordinary Time – Sept. 1, 2019

Reading 1SIR 3:17-18, 20, 28-29

My child, conduct your affairs with humility,
 and you will be loved more than a giver of gifts.
 Humble yourself the more, the greater you are,
 and you will find favor with God.
 What is too sublime for you, seek not,
 into things beyond your strength search not.
 The mind of a sage appreciates proverbs,
 and an attentive ear is the joy of the wise.
 Water quenches a flaming fire,
 and alms atone for sins.

Responsorial PsalmPS 68:4-5, 6-7, 10-11

R. (cf. 11b)  God, in your goodness, you have made a home for the poor.
The just rejoice and exult before God;
they are glad and rejoice.
Sing to God, chant praise to his name;
whose name is the LORD.
R. God, in your goodness, you have made a home for the poor.
The father of orphans and the defender of widows
is God in his holy dwelling.
God gives a home to the forsaken;
he leads forth prisoners to prosperity.
R. God, in your goodness, you have made a home for the poor.
A bountiful rain you showered down, O God, upon your inheritance;
you restored the land when it languished;
your flock settled in it;
in your goodness, O God, you provided it for the needy.
R. God, in your goodness, you have made a home for the poor.

Reading 2HEB 12:18-19, 22-24A

Brothers and sisters:
You have not approached that which could be touched
and a blazing fire and gloomy darkness
and storm and a trumpet blast
and a voice speaking words such that those who heard
begged that no message be further addressed to them.
No, you have approached Mount Zion
and the city of the living God, the heavenly Jerusalem,
and countless angels in festal gathering,
and the assembly of the firstborn enrolled in heaven,
and God the judge of all,
and the spirits of the just made perfect,
and Jesus, the mediator of a new covenant,
and the sprinkled blood that speaks more eloquently than that of Abel.

AlleluiaMT 11:29AB

R. Alleluia, alleluia.
Take my yoke upon you, says the Lord,
and learn from me, for I am meek and humble of heart.
R. Alleluia, alleluia.

GospelLK 14:1, 7-14

On a sabbath Jesus went to dine
at the home of one of the leading Pharisees,
and the people there were observing him carefully.

He told a parable to those who had been invited,
noticing how they were choosing the places of honor at the table.
“When you are invited by someone to a wedding banquet,
do not recline at table in the place of honor. 
A more distinguished guest than you may have been invited by him,
and the host who invited both of you may approach you and say,
‘Give your place to this man,’
and then you would proceed with embarrassment
to take the lowest place. 
Rather, when you are invited,
go and take the lowest place
so that when the host comes to you he may say,
‘My friend, move up to a higher position.’
Then you will enjoy the esteem of your companions at the table. 
For every one who exalts himself will be humbled,
but the one who humbles himself will be exalted.” 
Then he said to the host who invited him,
“When you hold a lunch or a dinner,
do not invite your friends or your brothers
or your relatives or your wealthy neighbors,
in case they may invite you back and you have repayment.
Rather, when you hold a banquet,
invite the poor, the crippled, the lame, the blind;
blessed indeed will you be because of their inability to repay you.
For you will be repaid at the resurrection of the righteous.”

XXI Domingo Ordinario – 25 De Agosto 2019

Primera lectura 

Is 66, 18-21

Esto dice el Señor:
“Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua.
Vendrán y verán mi gloria.
Pondré en medio de ellos un signo,
y enviaré como mensajeros a algunos de los supervivientes
hasta los países más lejanos y las islas más remotas,
que no han oído hablar de mí ni han visto mi gloria,
y ellos darán a conocer mi nombre a las naciones.

Así como los hijos de Israel
traen ofrendas al templo del Señor en vasijas limpias,
así también mis mensajeros traerán,
de todos los países, como ofrenda al Señor,
a los hermanos de ustedes
a caballo, en carro, en literas,
en mulos y camellos,
hasta mi monte santo de Jerusalén.
De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas”.


Salmo Responsorial

Salmo 116, 1. 2

R. (Mc 16, 15) Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Que alaben al Señor todas las naciones,
que lo aclamen todos los pueblos.  
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.
Porque grande es su amor hacia nosotros
y su fidelidad dura por siempre.  
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio.

Segunda lectura

Heb 12, 5-7. 11-13

Hermanos: Ya se han olvidado ustedes de la exhortación que Dios les dirigió, como a hijos, diciendo: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda. Porque el Señor corrige a los que ama, y da azotes a sus hijos predilectos. Soporten, pues, la corrección, porque Dios los trata como a hijos; ¿y qué padre hay que no corrija a sus hijos?

Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad.

Por eso, robustezcan sus manos cansadas y sus rodillas vacilantes; caminen por un camino plano, para que el cojo ya no se tropiece, sino más bien se alivie.


Aclamación antes del Evangelio

Jn 14, 6

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie va al Padre, si no es por mí, dice el Señor.
R. Aleluya.


Evangelio

Lc 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?”

Jesús le respondió: “Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’.

Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera.

Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”.